domingo, 11 de agosto de 2013

Va de cambios



La butaca tiene la misma comodidad que cualquier asiento por el que no se paga. La altura del respaldo no supera la L1. Vértebra Lumbar 1. Si la quinta esta tocando la rabadilla por allá abajo, suban un buen palmo hacia arriba y se darán cuenta.
Es jueves de un agosto peligroso, verano tardío, noches en calma térmica, pero ojo con salir a la intemperie al medio día, se corre el riesgo de insolación prematura.
Si es agosto, como cada uno de los últimos diez años de mi carrera profesional guión laboral, salgo a las 14.30hs. , lo que me da mucho tiempo para burlar el plan matinal de ir a la playa. A no ser que sea estrictamente necesario.
Llegué a casa del club tocando las cuatro. Anémico. Con lija para acabar con lo primero que se cruzara en la nevera, de cocción minima.
100 abdominales, piscina, 10 minutos crol, 10 minutos espalda, 5 minutos de charla obligada con el socorrista rosarino ha sido toda la rutina deportiva de hoy.
Puse “Edmond”, una peli que hará 5 años Matías alquiló, cuando las pelis se alquilaban, por su escasa duración, y porque me quedó en el tintero que a mi amigo le había sorprendido bastante.
Antes de que una dulce y embriagadora mini siesta me lleve a cerrar las ventanitas visuales, quedé con Mati sobre la vuelta del partido. Está de pretemporada y esta tarde/noche se enfrenta al Vilassar en su campo.
Me olvido, o me pareció poco importante, o que no tenía nada que ver en el contenido de esa llamada, decirle que al mediodía compré los billetes para volar a Argentina para las fiestas.
Me despierto abrumado, rebobino la peli, pongo el agua para los mates, y continuo viéndola. Se me hizo tan tarde que puedo terminar de verla. Calculé que para llegar al partido a las ocho y media, necesitaba agarrar un tren en el Clot tipo 19.30. Son las 19.10hs. , Tengo que ir en moto, otra no me queda. Atención, no olvidar ni auriculares ni libro.
Llego bien a la estación, en un miserable minuto sale el tren, para en todas las estaciones. Me encanta ver el mar desde la ventanilla. Me trae recuerdos del primer tren regional que cogí junto a mi madre para llegar a Oropesa de Mar, para el otro lado de donde me estoy dirigiendo.
A medida que me como las páginas les encuentro más sabor. Será que el escritor abre un poco más el juego, Araoz deja de ser un completo desconocido, tiene algo de pasado, no solo su adicción al cigarrillo.
Bajo en la parada correcta. Siempre que paso por acá recuerdo una pegatina en la heladera de mi casa, aquella nevera Motorola, con un motor de mil demonios, de puerta mega dura, anti atracones de media noche, con manija alta para lo enano que era en aquel entonces, descascarada su pintura, los stickers hacían la función de disimular la edad del electrodoméstico. Eran los años 80. Entre las calcomanías que más recuerdo están una de Mickey Rourke, muy joven, con puño vendado, creo que rezaba “Llámame si me necesitas”, una de Lennon, horrenda, de esas que vendían los ex adictos en el colectivo, esta decía “yo me drogué y …” algún comentario absurdo y negativo, unas de “Barcelona mes que mai”,  y esta rara de Vilassar de Mar, donde una torreta se erguía en la foto. Entre otras tantas.
Sigo el itinerario, recto por la carretera que bordea el mar y subo por la carretera de Argentona, serán como diez calles de largo por otra decena para el lado de la montaña. En el camino admiro las casas con jardín delante, todo un sueño.
Llego puntual, hay poca gente en las gradas, nadie me cobra para entrar, vamos bien, me quedan 15 minutos para que empiecen a decir los nombres de los jugadores por megafonía, voy a seguir con la historia que tengo entre manos, estamos cada vez más cerca de saber que pasó con Perlassi, aquel jugador que por alguna razón tanto inquieta a Ezequiel.
Miro el reloj que marca la hora del partido, en la cancha, en el césped, artificial, recién regado, si, se riega, unos preparadores físicos colocan conos, pelotas y otros artefactos, al parecer saldrán tarde a calentar.
A las 20.45 salen todos los locales, ropas de entrenamiento, me irrita no saber nada, ni cuando empieza, ni si mi amigo va de titular. Le mando un mensaje de texto a modo de testigo de mi momento, sé que él no puede leerlo, pero me pregunto si acaso la comitiva visitante llega con retraso.
Son las 9 en punto, creo que ya es hora de que estos pibes se vayan para el vestuario a cambiar, de que empiece el partido. Que poca gente hay.
A las 21.10 se me ocurre fisgonear un poco la cuenta de Twitter del club local, a ver si informan de este contratiempo. El último post es de cinco minutos atrás, dice algo asi: “Empate de @UDAGramanet, Moha. Primer gol recibido del temporada”.
 ¿Cómo?
¿Qué pasó?
¿Dónde estoy?
¿Dónde se esta jugando?
Salgo corriendo, nunca se me ocurre preguntar nada a los otros seguidores que estaban tímidamente esparcidos por la tribuna, veo otros reflectores a pocos metros. ¿Será la cancha de al lado?
No, es un gimnasio. ¿No es éste el campo?
Calma. Vamos a ver la página web de la institución, vamos a ver si acaso en Twitter dicen donde están jugando. Benditos telefonitos, a veces es tan lindo tenerlos. Sobre todo para no hablar con nadie y autogestionarse.
La cuenta oficial del @CEVilassar aclara en su enunciado “Bla bla bla Vilassar de Dalt” y la reputísima madre que lo parió! Estoy en la población de abajo. Miro el reloj y ya terminó el primer tiempo. Me voy hasta la carretera, miro hacia la montaña, parece que la torreta de la calcomanía esta por allá, en una montaña, también puedo divisar un polígono industrial, creo que hay un supermercado grande, ahí están las únicas cuatro torres de luces encendidas de la zona. Hay mucho camino hasta allí. Esta por comenzar la segunda parte. Tomo la determinación de mandarle otro sms a mi amigo, “Lo siento, soy un boludo, me equivoqué de pueblo, me voy para casa, hablamos!”
Me vuelvo a colocar los auriculares y emprendo la marcha hacía el muy oscuro mar, riéndome de la tontería que me pasó. Fastidiándome más por las ganas de verlo patear la pelota, con lo bien que lo hace, que por los siete Euros y medio que me dejé en dos horas para nada. Para nada no, tuve una tarde muy relajada de lectura.
La vuelta paso rápido, tenía un par de llamadas de mi tía, que por vergüenza, no atendí en el tren. La Meridiana estaba vacía, llegué rápido y fresquito a casa.
Fue dar un paso dentro del departamento y Matías me llama, no cuestionó mucho mi mala suerte, me invitaba a cenar por ahí con su ex compañero, Javi.
Ya en la pizzería, más tranquilo, me encontré brindando por esta reunión. Por otro Jueves Cobarde. Y porque había sacado los pasajes, creo que allí radica la paz interior que me dominó en todo el asunto.
Nada como pensar en la cercanía de los tuyos, a sabiendas de todos los quilombos que vendrán por esos días. Las fiestas nunca son su título, pero cada año nos da la revancha de poder mejorar la anterior.

domingo, 4 de agosto de 2013

va de valores



Creo que esto podría empezar el miércoles, para poner una fecha, para hacerlo cercano. Pero en realidad, viene de mucho más atrás, es un virus inoculado. ¿Por qué? ¿Por quien? Imagino que por los criadores de mi ser, aquellos que se tomaron algún tiempo en hacerme entender algunas cosas, algunos costos, algunos costes. Mucho de aquello me ayudó para hoy estar donde estoy, como estoy, para que cuando rompiera aquel cascarón, ya quebrado hace un tiempo, tenga las defensas necesarias para que mis plumas vieran la luz.
Tuve que cambiar un plan. La idea era ir a recoger a mi novia a la salida de su trabajo. Pero algo se interpuso. Alguien. Matías. Aquel pibe que lleva años luchando por estar donde le pertenece, con un proyecto suicida, sin miedo a la boca del lobo, una vez que uno toca fondo (y él lo hizo), no se puede ir más abajo, por eso, sabe por lo que pelea, y de la forma en que se encarama en la batalla.
Esa misma noche, la del miércoles, la vida le daba una revancha, un club con el que llevaba entrenando un par de días tenía un amistoso con el Sant Andreu (y le pongo articulo delante porque es un club de aca, que se fuera de alla, me pego en los dedos antes de hacerlo).
Sant Andreu es nuestro barrio adoptivo. Sant Andreu el barrio donde nació mi novia. Sant Andreu es el club que fichó a Matías, dejando atrás su etapa en el club de nuestros amores, Rosario Central, cuando aun no tenía 22.
Ese día a las 20.30hs. la vida le ofrecía una oportunidad. Demostrar lo que vale, contra el club que debería ficharlo. Y yo tenía que estar ahí.
La primera parte del partido fue toda para el local, dos a cero decía el marcador cuando nos íbamos al entretiempo, pero él aun no había entrado.
Segunda parte, la chance, y la aprovechación de la misma. Por las gradas dos caras conocidas, los compañeros de piso de él, ambos argentinos, ambos peluqueros, ambos pasaron la barrera de los 40, o casi. Foto para el recuerdo de la banda.
Termina el partido con los números de la misma forma, eso es bueno para mi amigo, que cerró un más que aceptable partido. Me voy pitando, llego tarde a casa.
Aparco la moto, dejo el casco, voy hasta la puerta de casa, entro y Clara no está, pero mi teléfono movil tampoco. ¿Donde lo habré dejado? ¿Se me habrá caído?¿Que hago ahora? Salgo a buscarlo.
Me paso todos los rojos de Torras i Bages, todos con la precaución de que no pase nadie y de no ver esas dichosas luces azules, de los hombres azules.
Llego al mismo sitio donde antes estaba la moto, el celular no está en suelo, quizás me lo hayan robado. Las luces del club ya no hacen su función.
En la puerta del club le explico a un empleado que me dejé algo en las gradas, no vas ver nada, pero si queres pasar, pasá, me dice, pero en su acento y con sus palabras, no estas.
Voy hacia donde estaba sentado, lo recuerdo bien, eran butacas amarillas, sin manchas, cerca de las visitantes, lejos de la masa. Voy tanteando el piso con cuidado, estoy cerca, es esta fila o la otra, no se ve un carajo.
Alzo la vista, casi decepcionado, haciéndome el coco de lo tarde que llegaba al encuentro con la nena, de que no podía avisarle, seguí pensando en fracciones de segundos: ¿Donde está la comisaría más cercana? ¿Como llamo a Vodafone? ¿Perderé mis contactos de la “SIM”? Y mil ráfagas más, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando el artilugio destacaba por su negrura en el bello color primario.
Evitaré contarles la alegría de la vuelta a casa y lo difícil que fue trasladarle mi heroica historia a la muchacha que ya llevaba en casa un buen rato, con fatiga post laboral y hambre.
Jueves, día que me veo con Matías casi como si de una ceremonia religiosa se tratara. Este ritual no sabemos muy bien el día que empezó, pero si que es inquebrantable en un 99% de las veces, a menos que sea razón de fuerza mayor.
Estábamos cenando en la rambla de Fabra i Puig (puch para los que no hablen catalán), muy enzarzados en una discusión, cuando de repente, muy cerquita nuestro, escuchamos a un hombre mendigar, el “speech” fue duro y largo, el momento inoportuno para los que tenemos la, llamémosle suerte, de estar sentados, dejemos de lado que esas personas no saben que además de pudientes, en las mesas, también hay gente que se está cayendo de la clase media, y se permite el lujo de salir una vez a la semana a dejarse 10 o 15 euros, lógico que si realmente es verdad la situación de este hombre, nosotros, en comparativa, somos ricos. Para evitar otro sermón, y que la charla se nos pierda, saco rápido la billetera y cojo monedas intuyendo lo que iba a dar. Un mal cálculo de medidas hizo que se me escapara mi desayuno de mañana, dos euros con cincuenta. Maldigo toda la situación actual del país, a los putos gobernantes y mi pobre sueldo, que hace que no me relaje nunca.
Viernes, voy a buscar a mi princesita, previo paseo por las tiendas, un vaquero gris me tiene obsesionado.
La etiqueta original de mi elegido ha sido modifica en varias ocasiones, la última dice que su precio es 12.99€, y a mi, me cierra.
Pago en caja pero 9.99€. Todo tiene que dar cero. Me acuerdo siempre de esta frase. Me río de mí, de mi berrinche del día anterior por la “colaboración” errónea, y de la vida, por qué no.
Sábado, Clara está terminando un libro de Noah Gordon, yo le cuento que cuando llegué, en el único departamento que compartí, tenía en una repisa varios ejemplares del mismo escritor, “El médico” por entonces era un best seller, y “El chamán” tambien.
Ella quiere el primero, el día esta feo, así que salimos rumbo a Gràcia, por allí, cerca del piso que les cuento, hay una tienda de libros usados, para mí, no hay que pagar más de 5 euros por ese libro, Clara piensa que le quito valor a las cosas que a ella le importan, pero no sabe que no es así, en realidad pienso que no vale más que eso un libro tan famoso, con tantas ediciones y de tantos años.
De camino se nos ocurre pasar por mi última Orsai, y por la tienda que nos vendió el maltrecho regalo del último cumpleaños de su madre. Pero estaba cerrada.
Se me ocurre pasar por la calle Verdi, recuerdo que cerca del cine había una librería, y si mi memoria no me falla, había libros de segunda mano.
Estaba la librería, vendía ejemplares usados, pero de ese autor no encontramos. Un “Martin Fierro” iluminó mis ojos y colaboró con el regalo para Carlos, mi tío, por sus 57 pirulos.
La lluvia, las pocas gotas que cayeron, apuraron nuestro paseo, de vuelta a casa se me ocurre pasar por un sitio de empeños, compra y venta, que cuenta con muchos libros. Allí tampoco estaba. Uno de Ledesma, del 2009, me gustó, valía 1,5 euros, su valor original: 18. Me lo llevo. Pago con 5.
No llego a la moto que mi cerebro me avisa que algo va mal. Aquello de “no cuento el vuelto, siempre es de más” de Fito Paez, en esta ocasión se iba al garete. Mi tacto contó 3 monedas y tendrían que ser más. Efectivamente, faltaban 50 céntimos. Efectivamente, volví a por ellos. Y pobre de que no me los quisieran dar, a menos de 1 minuto de salir del local.
Por la noche teníamos pensado cenar carne, las imágenes de un “espeto corrido” en la tele hicieron que recuerde que hace poco abrieron un par por acá, que pasé y el menú rondaba los 11 euros.
Sale Clara, motor en marcha, a ver que tal, a ver si es rico, a ver si se puede recomendar.
Llegamos y el cartel decía: 15.90€ los fines de semana y festivos. Cuentas rápidas, 30 euros los dos. Una compra semanal. Mucho. Nos vamos.
Terminamos en una hamburguesería, bien cenados, Martinis y McFlurrys incluidos, por unos 20 pavos*.
Mañana es domingo (o sea, hoy), abre el mercado de Sant Antoni, famoso por su rastrillo de libros, discos, pósters, figuritas (cromos) y demás cosas coleccionables. No se nos puede escapar. Ahí tiene que estar.
Con El País, más 1.95 € regalaban “El secreto de Christine” de Benjamin Black. Volví a ganar.
Ya por las callecitas del mercado se olía el gol. Iba a caer en cualquier momento, solo había que abrir bien los ojos. Estaba allí, tenía que estar. Lo sabía, lo sabíamos.
Noah Gordon, “El medico” y muchos más, 10 euros, pega en el palo y sale. No pinta nada allí ese número. Noah Gordon, pero no los que buscamos.
“El médico”, Noah Gordon, 3 euros, centro a la olla, cabezazo de pique al suelo y a besar la red! No pueden ganarnos, somos de otra raza, buscamos, nos rompemos el orto, y premio, la vida a veces tira paredes, solo hay que saber devolverlas.
Para colmo, “El rabino”, otro título del autor, se ofrecía por 2 euros, abrí la bolsa y poné bien alto “We are the Champions”, que es lo que somos!
Sol y mar. Incluidos.
 
 

domingo, 7 de julio de 2013

Cruïlla Low Emotion


Tan real como crítico. Este spot detiene la escencia de un festival, difícil de explicar, donde te puedes llevar chascos como gratas sorpresas.
De los pros de este año, además de entendernos mejor entre nosotros, destacan:

Shorty Trombone, con sus sorprendentes 27 años (edad gafe), entrando por la puerta de atras a la grilla (reemplazó a un artista que se cayó de la lista a último momento), nos dejó la boca abierta y nos lleno de ese ritmo que nos faltaba, un poco de buena guitarra y mucha onda, aqui un aperitivo:

Ernest Ranglin, respeto, sobre todo respeto hacia este hombre que se subió al escenario con 81 años, un ritmo espectacular, un velocidad en los dedos del carajo, emocionante, ganas de llevarlo a la mesita de noche y cuidarlo, aqui un concert de cuando era un pibe y tenía unos 70 años:


Y quizás sube timidamente al podio Billy Bragg, solo por haber tocado "Seven Flowers" de los Stones. Mucha boludez despues. Wyclef Jean, anda a cagar, vos y todos tus Feat, tu ritmo de Shakira nos saco corriendo, ni pasar entre la gente levanto al soso público, que va a estos conciertos para hablar, drogarse y hacer que se sabe las letras de todos. Pura alegoría, pura fachada, Marihuana, Barcelona, put yours hands up!! y mucho Marley. Poca personalidad.
Cat Power y Morcheeba, música para lesbianas aburridas.
Goran Gregovic, un comodo, nunca se movió de la silla, toco temas de la famosísima (?¿?¿?) banda Gogo Bordello y aburrio a más no poder a los normales, no tanto como Rufus, que en su momento tendrían que haber pasado repartiendo Gillettes.
Suede le puso onda, pero se quedaron en solo eso, pusieron energía y poses de rock, pero estan con las telarañas aun por sus esquinas.
Snoopy Doggy fue comida chatarra, nos vendio un espectáculo américano (yanqui) con cuatro zorras bailando en pelotas, y una mascota de él mismo haciendo que fumaba Marihuana (siempre con mayusculas esa hermosa mujer).
Por no tener lo huevos de cambiarse de nombre, James Morrison, no se mereció que lo vea.
Que otra estrella me queda??? Catarres, Stanstil, Maia Mishuevos, Sela Su, Pau, Quart, Ramon y Suicide. No merecen palabras.
Rokia Traore fue muy lentita. Esperaba un poco más, que llegará un poco más.
Whomadewho. Son muy bueeeeenossssss! No me los pude perder!!! (??¿??¿?¿)
Tiken Jah Fakoly fue el propulsor de la primera calada del sábado.
Tego Calderon, un villero engreido.
Y por cierto.... no tengo perdón de D10s, no vi a Fermin Kukusumusu! un crack! como me arrepiento, esta semana seré buen seguidor y veré todos los días dos horas de su miel en YouTube.
Por suerte pagamos 25 euros. Y me llevo dos perlas.
Hasta el próximo.


lunes, 24 de junio de 2013

Vida injusta

Cuántas veces escucharemos esa frase tan poco acertada. La vida, es la que es, y punto, todos tenemos lo que merecemos y deberíamos estar contentos ya que muchos otros seres de este planeta no tienen esa suerte y parecen estar olvidados. Soy yo quien afirma esto que estoy escribiendo y también soy yo a quien de vez en cuando se le escapa esta maldita frasecita.
 Te preguntarás a causa de qué:
De vez en cuando recuerdo, o mejor dicho, mal recuerdo. Debería dejar el pasado atrás pero es algo que se me hace imposible porque he llegado a la conclusión que después de 6 años, si no he olvidado todo lo que pasé será porque se ha convertido en un trauma. En esta etapa se junta lo que pasé en la adolescencia y lo que pasé en “familia”. Es curioso, en las dos etapas he sentido y he visto como me han abandonado (o alejado de mí), creo que realmente necesitaba llamar la atención, pero de verdad, no como se dice de un niño pequeño. Creo que se alejaron de mi porque no comprendieron nada, y porque me veían tan extraña que era mejor dejarme sola, pocas veces he pedido ayuda, pero recuerdo en aquella época pedir ayuda a gritos, pero no pasó nada.


Es difícil sentirse la única mujer de tu pareja cuando hay fotos de la anterior mujer en la casa en dónde vive él, poemas que le escribía y tristes historietas que a ellos les parecían alegres. No creo que me merezca eso,  tampoco creo que le tenga que dar tanta importancia... ¿o si?
 Querida pareja, tu me dijiste una vez que quizás el amor que no me das es porque te lo robaron una vez y decidiste no volverlo a dar, por orgullo y por el dolor que causaron esas heridas. Querida pareja, te digo: que egoísta es el ser humano, yo, pobre de mí, que con 18 años me entregué a ti, tenía y aún tengo todo el amor para darte y muchas veces siento que me robas y aún y así sigo dándotelo, me parece cruel.

martes, 28 de mayo de 2013

Estaré



Y voy dando vueltas por estas escaleras, nada caracol, que me llevan una y otra vez hasta mi sitio.
Cual es mi sitio? Aquel por el que luche durante tantos años para que a la hora de los bifes, los encargados de tomar altas determinaciones se estén limando las uñas y queden más castrados que los gatos de la Europa Occidental?
No sé yo. Yo no sé.
El tema es que en toda caminata, en cada hora que comienza, de las incontables que se me vuelven las que me tienen aca adentro, aca, en este sitio por el que me deje la espalda, voy con la melodía de una canción aunque no me sepa la letra entera.
Vendrán días dice Manolo, y prosigue, han de venir.
Ni más ni menos que eso. Tan real como la vida misma. Esa que instan a vivir. A respirar y a sentir los latidos desordenados, apelotonados de un corazón que parece estar aletargado.
En todas las ecuaciones me salís vos, y eso es difícil de lograr, será que habremos hecho bien las cosas?
Y cada día que no escribí sobre esto, mi libreta de apuntes mentales comenzaba:
Vendrán días…
En pocos años te has llevado a tu mochila un par de temas quizás otras personas de la misma edad no soportan. Con esto no te estoy halagando. Estoy diciendo las cosas tal como las siento. Si te lo merecías o no. Si es justo o no. Si yo hago otras cosas o no. Son otras cuestiones.
Hablemos de esos días desconocidos. Intuyo un clima propicio para poner el barca en el mar y estrenarlo. Que esa madera que llevo puliendo meses tenga ese contacto. Es necesario, casi vital.
Habrá cambios de rumbos y nuevas islas donde amarrar. Habrá vientos fuertes y de eso quiero hablar. Quiero hablar antes, quiero sacar una póliza de seguros, quiero poner en este nuevo testamento que, desde ya lo siento. Siento todas las rabietas por las que vas a atravesar, todos mis cambios de humor y todos mis berrinches. Mis evasiones, mis “estar sin estar” que se pueden producir.
Nunca pude dejar de pensar un paso más adelante del que mi pie pisa, es algo que no pude cambiar con el tiempo, quizás por momentos apago el “dador” de ordenes y lo dejo comiendo palomitas a mi lado, disfrutando del sofá, entendiendo el cine como válvula de escape, como “serenador” de multitudes, multitudes que se agolpan si me pongo a pensar en “de acá a dos años”, no creo que en el 2009 hubiera sabido lo que ocurriría dos años más tarde, ni en el 2002, ni el 99, ni nunca, pero como dicen por ahí Los Piojos “Todo pasa” y lo repiten, y hay que pensar que es asi. Que todo tiene arreglo menos la muerte. Que todas las tristezas pasan. Que no hay mal que dure 100 años. Cuanta verdad en tres frases boludas.
Yo tengo fé. Y eso es importante. Me siento con fuerzas. Y eso quiero que lo vean. Me siento con ganas. Pero sobre todo, siento que necesito este cambio.
La marea siempre arrastra arena. Nunca esta la playa igual dos días.
Me disculpo de vos. Y también de ustedes, léanme o no.
Todos queremos lo mismo, estar bien. Insto a que cada uno que este mal, revierta su posición. Hoy lo haré yo. Alla voy, una vez más. Y dentro de mi, todas sus imágenes. Gracias, perdón, más, te quiero.

sábado, 11 de mayo de 2013

alive



Tengo 69 años.
Para muchos morí hace 42, pero ese es el beneficio de unos buenos contactos.
El mundo es generoso, siempre lo pensé, no me puedo quejar. No tolero que me llamen hippie por vivir en Formentera, por vender alguna artesanía, por ser paciente a la hora de pescar, ni porque me vean detrás de la iglesia de Sant Francesc garabateando algo, intentando algún poema.
He aprendido a llevarme bien con mi compañera, la soledad. Me busqué un lugar de poca concurrencia, difícil de transitar, si bien es cierto que cada vez me cuesta más trabajo pedalear, vivir en La Mola tiene muchas ventajas. Los inviernos quizás sean peores a la hora de “rebuscárselas” con la comida, pero los prefiero mil veces a los tediosos veranos, donde es más simple encontrar una moneda, pero más difícil alejarse de un humano.
Tuve la suerte de estar acompañado de muchas mujeres a lo largo de mis años, ahora es menos frecuente que ellas vengan (¿a quien le gusta un viejo fláccido?), confesaré a su vez, que las primeras fueron preciosas, me llevaron a lo mejor y lo peor. Vibraciones y sensaciones que no se volvieron a repetir, y frustraciones que solo el buen whisky pudo borrar, o adulterar, a la hora del paso de sus imágenes por mi memoria.
Les recomiendo fehacientemente llevar una manzana en vuestras mochilas cuando vayan de excursión al faro, una manzana para los preciosos lagartos que se les acercaran, y una mantita, o pareo en caso de que se queden a ver la puesta del sol. No hay experiencia más agradable que meterse en lo profundo de la noche, de esa oscura intensidad que se verá sesgada cada 12 segundos, pero que los restantes, desnudarán a estrellas pomposas, engalanadas, cercanas como deseos,  destellos primarios de explosiones que permanecen, solo, para nuestros ojos.
Me quedé con la imagen de esas luces, y me llevó a rememorar viejos “viajes”. Cuanta droga corrió bajo nuestros pasos por aquellos días. Estábamos en el momento preciso, en el lugar adecuado. Todo evolucionaba tan rápido, como ahora las tecnologías, un día estabas fumando hierba, al otro secando hongos y en menos de un año, eras experto en opiáceos. El tabique de tu nariz temblaba al entrar en un nuevo bar. Nunca pude con la heroína, no me hacen gracia las agujas. En cambio, de barbitúricos puedo escribir una enciclopedia. Así y todo, los nuevos opioides seguro que atropellan a los gentiles de aquella época.
Fue difícil soportar el peso de la existencia. Por eso decidí  marcharme, pero no había lugar en el mundo para mí, o al menos, para quien era. Aquí  me dicen “el viejo creciente”, lo heredé de una oda a la luna que dediqué. Unos parroquianos la escucharon y así me bautizaron, pero prefiero que me llaméis Mojo, como la salsa canaria.
Ahora veo fotos y mi apacible sangre se altera, entra en hervor. Ese freno de mano que eché, no impide que mis ganas se detengan, lo hice por el bien de todos. Ella no se merecía aquello. Con ellos ya estaba hablado, acabaríamos lo que teníamos entre manos y me largaría, y yo, tampoco estaba bien, no tenía paz, mis demonios eran más fuertes. Esos retratos siguen sorprendiéndome, estaba tan vivo y su vez, tan en otro lado.
Pam escapó un par de años después de que mi ida se disipara. Su recorrido fue corto, pero para siempre, cuando estábamos en Paris. “Ese caballo no es digno de galopar” le decía más de una vez en clave poética, pero su mente necesitaba ese traqueteo, ese repique de herraduras sedosas que resbalaban por sus venas.
No les voy a negar que no extraño la música, cuando tengo ocasión, en esas “jams” trasnochadas que surgen de improviso en la plaza de Sant Ferran, al costado de la fonda, cojo alguna maraca o similar y trato de seguir el ritmo, aún le gano en este pulso al tiempo, si bien lo mío era cantar, ahora lo dejo para la intimidad de la bañera.
El primer albúm me resulta inigualable, en la factura, en la frescura, no creo que en los años que me quedan por delante pueda siquiera, acercarme a uno de esos temas, pero si que me puedo permitir en este espacio dejar una íntima confesión: "Waiting For The Sun" es mejor que "L.A. Woman". Sí, el río sabe.

miércoles, 24 de abril de 2013

Pardillo (pre embarque)



De vez en cuando, no siempre, la vida nos devuelve esa adrenalina que, químicamente, tenemos apagada.
Ese escalón, ese altibajo pronunciado, esa sacudida abrupta nos sopapea, a veces de improviso y otras, por elección propia.
Esta última es la que se está inyectando en mi, hoy.
Como cuando uno va a un examen para el que no se preparó.
Como aquel primer beso que tenés que dar de una vez por todas.
Después de comer, la tarde tendrá dos escenarios, o lenta como viene siendo por estas últimas jornadas, o veloz y trepidante si el corazón así se monta su película, en co-producción con el alma y dirigida por el cerebro.
Apuesto por una mixtura entre las dos, algo así como: mirando el reloj continuamente sin que los minutos pasen, pero con un movimiento de piernas que nada le puede envidiar a los calentamientos de un equipo de futbol.
Aquel primer vuelo.
Aquel test de embarazo.
Y la cosa tiene que ver con inicios. Esta noche volveré a subirme a un coche. No de copiloto, y a expensas de una atenta mirada, la de la profesora.
Según auguran será una noche larga, como un velorio, como la vuelta de un viaje, como el lunes cuando tu “cuadro” perdió.
Todo tiene su porqué, soy cómodo, los miércoles las vueltas son por el barrio, el próximo es festivo, me conozco bastante las calles y sus “trampitas”. Estará oscuro y soy consciente de ello, pero también estará bastante despejado (eso espero) de conductores con prisa, de chóferes que se olvidaron que algunas vez pasaron por esto.
Mañana, de todo esto, solo quedará este testigo, este inútil relato, que no hace más que disfrazarse de explicación de un sentimiento, mientras que, lo que realmente es, es un atajo hasta las veintidós horas.