Sabes que soy de las personas a las que les gusta (no se si gustar es el verbo apropiado) dedicarle mucho tiempo a pensar, a darle vueltas y más vueltas a las cosas, tantas vueltas, que al final todo en mi mente se vuelve del revés y me hace pensar de forma distinta a la que pensaba desde un principio. Pues bien, la cuestión es que no sé si habrá gente a la que le suceda también, quizás te suceda a ti, pero hay veces en que me encuentro haciendo preguntas al aire que nadie contesta. Esas preguntas surgen en el momento más personal que pueda existir a lo largo de un día cualquiera; mirando el mar, mirando un gato, mirando el cielo o una nube...
Yo hago preguntas a alguien que no se quién es, pero sé que alguien o algo es. No recibo respuestas claras, pero hay que decir que hay veces que me llegan unos mensajes poco claros que tras mucho tiempo y paciencia logro descifrar hasta encontrar lo que realmente importa: el significado de la respuesta a la pregunta hecha.
No son pocas las veces en que me encuentro desprotegida, hay momentos en que parece que no hay nada que me haga evolucionar y eso hace que mis objetivos se alejen más y más de mí. Vale, voy a ser clara, no sé cual es mi objetivo, no sé a qué me quiero dedicar y tampoco sé que va a ser de mí. A veces creo que no voy a ser nada en la vida, otras pienso que voy a ser lo que quiera ser, ¿por qué tantas diferencias entre pensamientos que vienen de una misma mente?
Es cierto, no tengo muy claro el futuro que me espera, pero si hay algo que tengo claro es con quién quiero pasarlo y de qué forma y es contigo y felices.
Ya no me dices tan a menudo como antes las cosas bonitas que a cualquiera le gusta escuchar de su pareja, pero yo voy a dejar de lado hoy mi orgullo para decirte que te amo con todo mi corazon, mi ser, mi razón, mi alma...
jueves, 22 de agosto de 2013
domingo, 11 de agosto de 2013
Va de cambios
La
butaca tiene la misma comodidad que cualquier asiento por el que no se paga. La
altura del respaldo no supera la L1.
Vértebra Lumbar 1. Si la quinta esta tocando la rabadilla por allá abajo, suban
un buen palmo hacia arriba y se darán cuenta.
Es
jueves de un agosto peligroso, verano tardío, noches en calma térmica, pero ojo
con salir a la intemperie al medio día, se corre el riesgo de insolación
prematura.
Si es
agosto, como cada uno de los últimos diez años de mi carrera profesional guión
laboral, salgo a las 14.30hs. , lo que me da mucho tiempo para burlar el plan
matinal de ir a la playa. A no ser que sea estrictamente necesario.
Llegué
a casa del club tocando las cuatro. Anémico. Con lija para acabar con lo primero que se cruzara en la nevera, de
cocción minima.
100
abdominales, piscina, 10 minutos crol, 10 minutos espalda, 5 minutos de charla
obligada con el socorrista rosarino ha sido toda la rutina deportiva de hoy.
Puse
“Edmond”, una peli que hará 5 años Matías alquiló, cuando las pelis se
alquilaban, por su escasa duración, y porque me quedó en el tintero que a mi
amigo le había sorprendido bastante.
Antes
de que una dulce y embriagadora mini siesta me lleve a cerrar las ventanitas
visuales, quedé con Mati sobre la vuelta del partido. Está de pretemporada y
esta tarde/noche se enfrenta al Vilassar en su campo.
Me
olvido, o me pareció poco importante, o que no tenía nada que ver en el
contenido de esa llamada, decirle que al mediodía compré los billetes para
volar a Argentina para las fiestas.
Me
despierto abrumado, rebobino la peli, pongo el agua para los mates, y continuo
viéndola. Se me hizo tan tarde que puedo terminar de verla. Calculé que para
llegar al partido a las ocho y media, necesitaba agarrar un tren en el Clot
tipo 19.30. Son las 19.10hs. , Tengo que ir en moto, otra no me queda.
Atención, no olvidar ni auriculares ni libro.
Llego
bien a la estación, en un miserable minuto sale el tren, para en todas las
estaciones. Me encanta ver el mar desde la ventanilla. Me trae recuerdos del
primer tren regional que cogí junto a mi madre para llegar a Oropesa de Mar,
para el otro lado de donde me estoy dirigiendo.
A
medida que me como las páginas les encuentro más sabor. Será que el escritor
abre un poco más el juego, Araoz deja de ser un completo desconocido, tiene
algo de pasado, no solo su adicción al cigarrillo.
Bajo en
la parada correcta. Siempre que paso por acá recuerdo una pegatina en la heladera de mi casa, aquella nevera
Motorola, con un motor de mil demonios, de puerta mega dura, anti atracones de
media noche, con manija alta para lo enano que era en aquel entonces,
descascarada su pintura, los stickers hacían la función de disimular la edad
del electrodoméstico. Eran los años 80. Entre las calcomanías que más recuerdo
están una de Mickey Rourke, muy joven, con puño vendado, creo que rezaba
“Llámame si me necesitas”, una de Lennon, horrenda, de esas que vendían los ex
adictos en el colectivo, esta decía “yo me drogué y …” algún comentario absurdo
y negativo, unas de “Barcelona mes que mai”,
y esta rara de Vilassar de Mar, donde una torreta se erguía en la foto.
Entre otras tantas.
Sigo el
itinerario, recto por la carretera que bordea el mar y subo por la carretera de
Argentona, serán como diez calles de largo por otra decena para el lado de la
montaña. En el camino admiro las casas con jardín delante, todo un sueño.
Llego
puntual, hay poca gente en las gradas, nadie me cobra para entrar, vamos bien,
me quedan 15 minutos para que empiecen a decir los nombres de los jugadores por
megafonía, voy a seguir con la historia que tengo entre manos, estamos cada vez
más cerca de saber que pasó con Perlassi, aquel jugador que por alguna razón
tanto inquieta a Ezequiel.
Miro el
reloj que marca la hora del partido, en la cancha, en el césped, artificial,
recién regado, si, se riega, unos preparadores físicos colocan conos, pelotas y
otros artefactos, al parecer saldrán tarde a calentar.
A las
20.45 salen todos los locales, ropas de entrenamiento, me irrita no saber nada,
ni cuando empieza, ni si mi amigo va de titular. Le mando un mensaje de texto a
modo de testigo de mi momento, sé que él no puede leerlo, pero me pregunto si
acaso la comitiva visitante llega con retraso.
Son las
9 en punto, creo que ya es hora de que estos pibes se vayan para el vestuario a
cambiar, de que empiece el partido. Que poca gente hay.
A las
21.10 se me ocurre fisgonear un poco la cuenta de Twitter del club local, a ver
si informan de este contratiempo. El último post es de cinco minutos atrás,
dice algo asi: “Empate de @UDAGramanet, Moha. Primer gol recibido del
temporada”.
¿Cómo?
¿Qué
pasó?
¿Dónde
estoy?
¿Dónde
se esta jugando?
Salgo
corriendo, nunca se me ocurre preguntar nada a los otros seguidores que estaban
tímidamente esparcidos por la tribuna, veo otros reflectores a pocos metros.
¿Será la cancha de al lado?
No, es
un gimnasio. ¿No es éste el campo?
Calma.
Vamos a ver la página web de la institución, vamos a ver si acaso en Twitter
dicen donde están jugando. Benditos telefonitos, a veces es tan lindo tenerlos.
Sobre todo para no hablar con nadie y autogestionarse.
La
cuenta oficial del @CEVilassar aclara en su enunciado “Bla bla bla Vilassar de
Dalt” y la reputísima madre que lo parió! Estoy en la población de abajo. Miro
el reloj y ya terminó el primer tiempo. Me voy hasta la carretera, miro hacia
la montaña, parece que la torreta de la calcomanía esta por allá, en una
montaña, también puedo divisar un polígono industrial, creo que hay un
supermercado grande, ahí están las únicas cuatro torres de luces encendidas de
la zona. Hay mucho camino hasta allí. Esta por comenzar la segunda parte. Tomo
la determinación de mandarle otro sms a mi amigo, “Lo siento, soy un boludo, me
equivoqué de pueblo, me voy para casa, hablamos!”
Me
vuelvo a colocar los auriculares y emprendo la marcha hacía el muy oscuro mar,
riéndome de la tontería que me pasó. Fastidiándome más por las ganas de verlo
patear la pelota, con lo bien que lo hace, que por los siete Euros y medio que
me dejé en dos horas para nada. Para nada no, tuve una tarde muy relajada de
lectura.
La
vuelta paso rápido, tenía un par de llamadas de mi tía, que por vergüenza, no
atendí en el tren. La
Meridiana estaba vacía, llegué rápido y fresquito a casa.
Fue dar
un paso dentro del departamento y Matías me llama, no cuestionó mucho mi mala
suerte, me invitaba a cenar por ahí con su ex compañero, Javi.
Ya en
la pizzería, más tranquilo, me encontré brindando por esta reunión. Por otro
Jueves Cobarde. Y porque había sacado los pasajes, creo que allí radica la paz
interior que me dominó en todo el asunto.
Nada
como pensar en la cercanía de los tuyos, a sabiendas de todos los quilombos que
vendrán por esos días. Las fiestas nunca son su título, pero cada año nos da la
revancha de poder mejorar la anterior.
domingo, 4 de agosto de 2013
va de valores
Creo que esto podría
empezar el miércoles, para poner una fecha, para hacerlo cercano. Pero en
realidad, viene de mucho más atrás, es un virus inoculado. ¿Por qué? ¿Por
quien? Imagino que por los criadores de mi ser, aquellos que se tomaron algún
tiempo en hacerme entender algunas cosas, algunos costos, algunos costes. Mucho
de aquello me ayudó para hoy estar donde estoy, como estoy, para que cuando
rompiera aquel cascarón, ya quebrado hace un tiempo, tenga las defensas
necesarias para que mis plumas vieran la luz.
Tuve que cambiar un
plan. La idea era ir a recoger a mi novia a la salida de su trabajo. Pero algo
se interpuso. Alguien. Matías. Aquel pibe que lleva años luchando por estar
donde le pertenece, con un proyecto suicida, sin miedo a la boca del lobo, una
vez que uno toca fondo (y él lo hizo), no se puede ir más abajo, por eso, sabe
por lo que pelea, y de la forma en que se encarama en la batalla.
Esa misma noche, la
del miércoles, la vida le daba una revancha, un club con el que llevaba
entrenando un par de días tenía un amistoso con el Sant Andreu (y le pongo
articulo delante porque es un club de aca, que se fuera de alla, me pego en los
dedos antes de hacerlo).
Sant Andreu es
nuestro barrio adoptivo. Sant Andreu el barrio donde nació mi novia. Sant
Andreu es el club que fichó a Matías, dejando atrás su etapa en el club de
nuestros amores, Rosario Central, cuando aun no tenía 22.
Ese día a las
20.30hs. la vida le ofrecía una oportunidad. Demostrar lo que vale, contra el
club que debería ficharlo. Y yo tenía
que estar ahí.
La primera parte del
partido fue toda para el local, dos a cero decía el marcador cuando nos íbamos
al entretiempo, pero él aun no había entrado.
Segunda parte, la
chance, y la aprovechación de la
misma. Por las gradas dos caras conocidas, los compañeros de piso de él, ambos
argentinos, ambos peluqueros, ambos pasaron la barrera de los 40, o casi. Foto
para el recuerdo de la banda.
Termina el partido
con los números de la misma forma, eso es bueno para mi amigo, que cerró un más
que aceptable partido. Me voy pitando, llego tarde a casa.
Aparco la moto, dejo
el casco, voy hasta la puerta de casa, entro y Clara no está, pero mi teléfono
movil tampoco. ¿Donde lo habré dejado? ¿Se me habrá caído?¿Que hago ahora?
Salgo a buscarlo.
Me paso todos los
rojos de Torras i Bages, todos con la precaución de que no pase nadie y de no
ver esas dichosas luces azules, de los hombres azules.
Llego al mismo sitio
donde antes estaba la moto, el celular no está en suelo, quizás me lo hayan
robado. Las luces del club ya no hacen su función.
En la puerta del
club le explico a un empleado que me dejé algo en las gradas, no vas ver nada,
pero si queres pasar, pasá, me dice, pero en su acento y con sus palabras, no
estas.
Voy hacia donde
estaba sentado, lo recuerdo bien, eran butacas amarillas, sin manchas, cerca de
las visitantes, lejos de la masa. Voy tanteando
el piso con cuidado, estoy cerca, es esta fila o la otra, no se ve un carajo.
Alzo la vista, casi
decepcionado, haciéndome el coco de lo tarde que llegaba al encuentro con la nena, de que no podía avisarle, seguí
pensando en fracciones de segundos: ¿Donde está la comisaría más cercana? ¿Como
llamo a Vodafone? ¿Perderé mis contactos de la “SIM”? Y mil ráfagas más, pero
mi sorpresa fue mayúscula cuando el artilugio destacaba por su negrura en el
bello color primario.
Evitaré contarles la
alegría de la vuelta a casa y lo difícil que fue trasladarle mi heroica
historia a la muchacha que ya llevaba en casa un buen rato, con fatiga post
laboral y hambre.
Jueves, día que me
veo con Matías casi como si de una ceremonia religiosa se tratara. Este ritual
no sabemos muy bien el día que empezó, pero si que es inquebrantable en un 99%
de las veces, a menos que sea razón de fuerza mayor.
Estábamos cenando en
la rambla de Fabra i Puig (puch para los que no hablen catalán), muy enzarzados
en una discusión, cuando de repente, muy cerquita nuestro, escuchamos a un
hombre mendigar, el “speech” fue duro y largo, el momento inoportuno para los
que tenemos la, llamémosle suerte, de estar sentados, dejemos de lado que esas
personas no saben que además de pudientes, en las mesas, también hay gente que
se está cayendo de la clase media, y se permite el lujo de salir una vez a la
semana a dejarse 10 o 15 euros, lógico que si realmente es verdad la situación
de este hombre, nosotros, en comparativa, somos ricos. Para evitar otro sermón,
y que la charla se nos pierda, saco rápido la billetera y cojo monedas
intuyendo lo que iba a dar. Un mal cálculo de medidas hizo que se me escapara
mi desayuno de mañana, dos euros con cincuenta. Maldigo toda la situación
actual del país, a los putos gobernantes y mi pobre sueldo, que hace que no me
relaje nunca.
Viernes, voy a
buscar a mi princesita, previo paseo por las tiendas, un vaquero gris me tiene
obsesionado.
La etiqueta original
de mi elegido ha sido modifica en varias ocasiones, la última dice que su
precio es 12.99€, y a mi, me cierra.
Pago en caja pero
9.99€. Todo tiene que dar cero. Me acuerdo siempre de esta frase. Me río de mí,
de mi berrinche del día anterior por la “colaboración” errónea, y de la vida,
por qué no.
Sábado, Clara está
terminando un libro de Noah Gordon, yo le cuento que cuando llegué, en el único
departamento que compartí, tenía en una repisa varios ejemplares del mismo
escritor, “El médico” por entonces era un best seller, y “El chamán” tambien.
Ella quiere el
primero, el día esta feo, así que salimos rumbo a Gràcia, por allí, cerca del
piso que les cuento, hay una tienda de libros usados, para mí, no hay que pagar
más de 5 euros por ese libro, Clara piensa que le quito valor a las cosas que a
ella le importan, pero no sabe que no es así, en realidad pienso que no vale
más que eso un libro tan famoso, con tantas ediciones y de tantos años.
De camino se nos
ocurre pasar por mi última Orsai, y por la tienda que nos vendió el maltrecho
regalo del último cumpleaños de su madre. Pero estaba cerrada.
Se me ocurre pasar
por la calle Verdi, recuerdo que cerca del cine había una librería, y si mi
memoria no me falla, había libros de segunda mano.
Estaba la librería,
vendía ejemplares usados, pero de ese autor no encontramos. Un “Martin Fierro”
iluminó mis ojos y colaboró con el regalo para Carlos, mi tío, por sus 57
pirulos.
La lluvia, las pocas
gotas que cayeron, apuraron nuestro paseo, de vuelta a casa se me ocurre pasar
por un sitio de empeños, compra y venta, que cuenta con muchos libros. Allí
tampoco estaba. Uno de Ledesma, del 2009, me gustó, valía 1,5 euros, su valor
original: 18. Me lo llevo. Pago con 5.
No llego a la moto
que mi cerebro me avisa que algo va mal. Aquello de “no cuento el vuelto,
siempre es de más” de Fito Paez, en esta ocasión se iba al garete. Mi tacto
contó 3 monedas y tendrían que ser más. Efectivamente, faltaban 50 céntimos.
Efectivamente, volví a por ellos. Y pobre de que no me los quisieran dar, a
menos de 1 minuto de salir del local.
Por la noche teníamos
pensado cenar carne, las imágenes de un “espeto corrido” en la tele hicieron
que recuerde que hace poco abrieron un par por acá, que pasé y el menú rondaba
los 11 euros.
Sale Clara, motor en
marcha, a ver que tal, a ver si es rico, a ver si se puede recomendar.
Llegamos y el cartel
decía: 15.90€ los fines de semana y festivos. Cuentas rápidas, 30 euros los
dos. Una compra semanal. Mucho. Nos vamos.
Terminamos en una
hamburguesería, bien cenados, Martinis y McFlurrys incluidos, por unos 20 pavos*.
Mañana es domingo (o
sea, hoy), abre el mercado de Sant Antoni, famoso por su rastrillo de libros, discos, pósters, figuritas (cromos) y demás
cosas coleccionables. No se nos puede escapar. Ahí tiene que estar.
Con El País, más
1.95 € regalaban “El secreto de
Christine” de Benjamin Black. Volví a ganar.
Ya por las
callecitas del mercado se olía el gol. Iba a caer en cualquier momento, solo
había que abrir bien los ojos. Estaba allí, tenía que estar. Lo sabía, lo sabíamos.
Noah Gordon, “El
medico” y muchos más, 10 euros, pega en el palo y sale. No pinta nada allí ese
número. Noah Gordon, pero no los que buscamos.
“El médico”, Noah
Gordon, 3 euros, centro a la olla, cabezazo de pique al suelo y a besar la red!
No pueden ganarnos, somos de otra raza, buscamos, nos rompemos el orto, y
premio, la vida a veces tira paredes, solo hay que saber devolverlas.
Para colmo, “El
rabino”, otro título del autor, se ofrecía por 2 euros, abrí la bolsa y poné
bien alto “We are the Champions”, que es lo que somos!
Sol y mar.
Incluidos.
domingo, 7 de julio de 2013
Cruïlla Low Emotion
Tan real como crítico. Este spot detiene la escencia de un festival, difícil de explicar, donde te puedes llevar chascos como gratas sorpresas.
De los pros de este año, además de entendernos mejor entre nosotros, destacan:
Shorty Trombone, con sus sorprendentes 27 años (edad gafe), entrando por la puerta de atras a la grilla (reemplazó a un artista que se cayó de la lista a último momento), nos dejó la boca abierta y nos lleno de ese ritmo que nos faltaba, un poco de buena guitarra y mucha onda, aqui un aperitivo:
Y quizás sube timidamente al podio Billy Bragg, solo por haber tocado "Seven Flowers" de los Stones. Mucha boludez despues. Wyclef Jean, anda a cagar, vos y todos tus Feat, tu ritmo de Shakira nos saco corriendo, ni pasar entre la gente levanto al soso público, que va a estos conciertos para hablar, drogarse y hacer que se sabe las letras de todos. Pura alegoría, pura fachada, Marihuana, Barcelona, put yours hands up!! y mucho Marley. Poca personalidad.
Cat Power y Morcheeba, música para lesbianas aburridas.
Goran Gregovic, un comodo, nunca se movió de la silla, toco temas de la famosísima (?¿?¿?) banda Gogo Bordello y aburrio a más no poder a los normales, no tanto como Rufus, que en su momento tendrían que haber pasado repartiendo Gillettes.
Suede le puso onda, pero se quedaron en solo eso, pusieron energía y poses de rock, pero estan con las telarañas aun por sus esquinas.
Snoopy Doggy fue comida chatarra, nos vendio un espectáculo américano (yanqui) con cuatro zorras bailando en pelotas, y una mascota de él mismo haciendo que fumaba Marihuana (siempre con mayusculas esa hermosa mujer).
Por no tener lo huevos de cambiarse de nombre, James Morrison, no se mereció que lo vea.
Que otra estrella me queda??? Catarres, Stanstil, Maia Mishuevos, Sela Su, Pau, Quart, Ramon y Suicide. No merecen palabras.
Rokia Traore fue muy lentita. Esperaba un poco más, que llegará un poco más.
Whomadewho. Son muy bueeeeenossssss! No me los pude perder!!! (??¿??¿?¿)
Tiken Jah Fakoly fue el propulsor de la primera calada del sábado.
Tego Calderon, un villero engreido.
Y por cierto.... no tengo perdón de D10s, no vi a Fermin Kukusumusu! un crack! como me arrepiento, esta semana seré buen seguidor y veré todos los días dos horas de su miel en YouTube.
Por suerte pagamos 25 euros. Y me llevo dos perlas.
Hasta el próximo.
lunes, 24 de junio de 2013
Vida injusta
Cuántas veces escucharemos esa frase tan poco
acertada. La vida, es la que es, y punto, todos tenemos lo que
merecemos y deberíamos estar contentos ya que muchos otros seres de
este planeta no tienen esa suerte y parecen estar olvidados. Soy yo
quien afirma esto que estoy escribiendo y también soy yo a quien de
vez en cuando se le escapa esta maldita frasecita.
Te preguntarás a causa de qué:
De vez en cuando recuerdo, o mejor dicho, mal
recuerdo. Debería dejar el pasado atrás pero es algo que se me hace
imposible porque he llegado a la conclusión que después de 6 años,
si no he olvidado todo lo que pasé será porque se ha convertido en
un trauma. En esta etapa se junta lo que pasé en la adolescencia y
lo que pasé en “familia”. Es curioso, en las dos etapas he
sentido y he visto como me han abandonado (o alejado de mí), creo
que realmente necesitaba llamar la atención, pero de verdad, no como
se dice de un niño pequeño. Creo que se alejaron de mi porque no
comprendieron nada, y porque me veían tan extraña que era mejor
dejarme sola, pocas veces he pedido ayuda, pero recuerdo en aquella
época pedir ayuda a gritos, pero no pasó nada.
Es difícil sentirse la única mujer de tu pareja
cuando hay fotos de la anterior mujer en la casa en dónde vive él,
poemas que le escribía y tristes historietas que a ellos les
parecían alegres. No creo que me merezca eso, tampoco creo que
le tenga que dar tanta importancia... ¿o si?
Querida pareja, tu me dijiste una vez que
quizás el amor que no me das es porque te lo robaron una vez y
decidiste no volverlo a dar, por orgullo y por el dolor que causaron
esas heridas. Querida pareja, te digo: que egoísta es el ser humano,
yo, pobre de mí, que con 18 años me entregué a ti, tenía y aún
tengo todo el amor para darte y muchas veces siento que me robas y
aún y así sigo dándotelo, me parece cruel.
martes, 28 de mayo de 2013
Estaré
Y voy
dando vueltas por estas escaleras, nada caracol, que me llevan una y otra vez
hasta mi sitio.
Cual es
mi sitio? Aquel por el que luche durante tantos años para que a la hora de los
bifes, los encargados de tomar altas determinaciones se estén limando las uñas
y queden más castrados que los gatos de la Europa Occidental?
No sé
yo. Yo no sé.
El tema
es que en toda caminata, en cada hora que comienza, de las incontables que se
me vuelven las que me tienen aca adentro, aca, en este sitio por el que me deje
la espalda, voy con la melodía de una canción aunque no me sepa la letra
entera.
Vendrán
días dice Manolo, y prosigue, han de venir.
Ni más
ni menos que eso. Tan real como la vida misma. Esa que instan a vivir. A
respirar y a sentir los latidos desordenados, apelotonados de un corazón que
parece estar aletargado.
En todas
las ecuaciones me salís vos, y eso es difícil de lograr, será que habremos
hecho bien las cosas?
Y cada día
que no escribí sobre esto, mi libreta de apuntes mentales comenzaba:
Vendrán
días…
En pocos
años te has llevado a tu mochila un par de temas quizás otras personas de la
misma edad no soportan. Con esto no te estoy halagando. Estoy diciendo las
cosas tal como las siento. Si te lo merecías o no. Si es justo o no. Si yo hago
otras cosas o no. Son otras cuestiones.
Hablemos
de esos días desconocidos. Intuyo un clima propicio para poner el barca en el mar
y estrenarlo. Que esa madera que llevo puliendo meses tenga ese contacto. Es
necesario, casi vital.
Habrá
cambios de rumbos y nuevas islas donde amarrar. Habrá vientos fuertes y de eso
quiero hablar. Quiero hablar antes, quiero sacar una póliza de seguros, quiero
poner en este nuevo testamento que, desde ya lo siento. Siento todas las
rabietas por las que vas a atravesar, todos mis cambios de humor y todos mis
berrinches. Mis evasiones, mis “estar sin estar” que se pueden producir.
Nunca
pude dejar de pensar un paso más adelante del que mi pie pisa, es algo que no
pude cambiar con el tiempo, quizás por momentos apago el “dador” de ordenes y
lo dejo comiendo palomitas a mi lado, disfrutando del sofá, entendiendo el cine
como válvula de escape, como “serenador” de multitudes, multitudes que se
agolpan si me pongo a pensar en “de acá a dos años”, no creo que en el 2009
hubiera sabido lo que ocurriría dos años más tarde, ni en el 2002, ni el 99, ni
nunca, pero como dicen por ahí Los Piojos “Todo pasa” y lo repiten, y hay que
pensar que es asi. Que todo tiene arreglo menos la muerte. Que todas las
tristezas pasan. Que no hay mal que dure 100 años. Cuanta verdad en tres frases
boludas.
Yo tengo
fé. Y eso es importante. Me siento con fuerzas. Y eso quiero que lo vean. Me
siento con ganas. Pero sobre todo, siento que necesito este cambio.
La marea siempre arrastra arena. Nunca esta la playa igual dos días.
Me disculpo
de vos. Y también de ustedes, léanme o no.
Todos
queremos lo mismo, estar bien. Insto a que cada uno que este mal, revierta su
posición. Hoy lo haré yo. Alla voy, una vez más. Y dentro de mi, todas sus imágenes.
Gracias, perdón, más, te quiero.
sábado, 11 de mayo de 2013
alive
Tengo 69
años.
Para
muchos morí hace 42, pero ese es el beneficio de unos buenos contactos.
El mundo
es generoso, siempre lo pensé, no me puedo quejar. No tolero que me llamen
hippie por vivir en Formentera, por vender alguna artesanía, por ser paciente a
la hora de pescar, ni porque me vean detrás de la iglesia de Sant Francesc
garabateando algo, intentando algún poema.
He
aprendido a llevarme bien con mi compañera, la soledad. Me busqué un lugar de
poca concurrencia, difícil de transitar, si bien es cierto que cada vez me
cuesta más trabajo pedalear, vivir en La Mola tiene muchas ventajas. Los
inviernos quizás sean peores a la hora de “rebuscárselas” con la comida, pero
los prefiero mil veces a los tediosos veranos, donde es más simple encontrar
una moneda, pero más difícil alejarse de un humano.
Tuve la
suerte de estar acompañado de muchas mujeres a lo largo de mis años, ahora es
menos frecuente que ellas vengan (¿a quien le gusta un viejo fláccido?),
confesaré a su vez, que las primeras fueron preciosas, me llevaron a lo mejor y
lo peor. Vibraciones y sensaciones que no se volvieron a repetir, y
frustraciones que solo el buen whisky pudo borrar, o adulterar, a la hora del
paso de sus imágenes por mi memoria.
Les
recomiendo fehacientemente llevar una manzana en vuestras mochilas cuando vayan
de excursión al faro, una manzana para los preciosos lagartos que se les
acercaran, y una mantita, o pareo en caso de que se queden a ver la puesta del
sol. No hay experiencia más agradable que meterse en lo profundo de la noche,
de esa oscura intensidad que se verá sesgada cada 12 segundos, pero que los
restantes, desnudarán a estrellas pomposas, engalanadas, cercanas como deseos, destellos primarios de explosiones que
permanecen, solo, para nuestros ojos.
Me quedé
con la imagen de esas luces, y me llevó a rememorar viejos “viajes”. Cuanta
droga corrió bajo nuestros pasos por aquellos días. Estábamos en el momento
preciso, en el lugar adecuado. Todo evolucionaba tan rápido, como ahora las
tecnologías, un día estabas fumando hierba, al otro secando hongos y en menos
de un año, eras experto en opiáceos. El tabique de tu nariz temblaba al entrar
en un nuevo bar. Nunca pude con la heroína, no me hacen gracia las agujas. En
cambio, de barbitúricos puedo escribir una enciclopedia. Así y todo, los nuevos
opioides seguro que atropellan a los gentiles de aquella época.
Fue
difícil soportar el peso de la existencia. Por eso decidí marcharme, pero no había lugar en el mundo
para mí, o al menos, para quien era. Aquí me dicen “el viejo creciente”, lo heredé de
una oda a la luna que dediqué. Unos parroquianos la escucharon y así me
bautizaron, pero prefiero que me llaméis Mojo, como la salsa canaria.
Ahora
veo fotos y mi apacible sangre se altera, entra en hervor. Ese freno de mano que
eché, no impide que mis ganas se detengan, lo hice por el bien de todos. Ella
no se merecía aquello. Con ellos ya estaba hablado, acabaríamos lo que teníamos
entre manos y me largaría, y yo, tampoco estaba bien, no tenía paz, mis
demonios eran más fuertes. Esos retratos siguen sorprendiéndome, estaba tan
vivo y su vez, tan en otro lado.
Pam
escapó un par de años después de que mi ida se disipara. Su recorrido fue
corto, pero para siempre, cuando estábamos en Paris. “Ese caballo no es digno
de galopar” le decía más de una vez en clave poética, pero su mente necesitaba
ese traqueteo, ese repique de herraduras sedosas que resbalaban por sus venas.
No les
voy a negar que no extraño la música, cuando tengo ocasión, en esas “jams”
trasnochadas que surgen de improviso en la plaza de Sant Ferran, al costado de
la fonda, cojo alguna maraca o similar y trato de seguir el ritmo, aún le gano
en este pulso al tiempo, si bien lo mío era cantar, ahora lo dejo para la
intimidad de la bañera.
El primer albúm me resulta inigualable, en la factura, en la frescura, no creo que en los años que me quedan por delante pueda siquiera, acercarme a uno de esos temas, pero si que me puedo permitir en este espacio dejar una íntima confesión: "Waiting For The Sun" es mejor que "L.A. Woman". Sí, el río sabe.
El primer albúm me resulta inigualable, en la factura, en la frescura, no creo que en los años que me quedan por delante pueda siquiera, acercarme a uno de esos temas, pero si que me puedo permitir en este espacio dejar una íntima confesión: "Waiting For The Sun" es mejor que "L.A. Woman". Sí, el río sabe.
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