viernes, 1 de mayo de 2020

Testamento

Testimonio de la voluntad

En estos tiempos donde nuestro tiempo esta más raro que nunca.
Que nuestro presente se enrareció.
En estos tiempos donde mucha gente no puede estar ni consigo mismo.
Ni con otros.
Voy a apostar por esta pausa, por este tiempo relentizado que pasamos, para pasar tiempo conmigo mismo, para leerme, descubrirme y sobre todo, corregirme.
Porque a veces no me entiendo,
Y en otras, no solo me entiendo, sino que me justifico, justifico el momento en que pasó ese haz de luz que iluminó mi mente por un instante y no tuve más que volcarlo.
Pero a nadie le gusta ver lo que vomita.
Hoy, como un profesor de Ciencias Elementales me enseñó, estoy siendo un detective de mis regurgitamientos.
Iré colgando textos de aquí y de allá, pero supervisados en el aquí y ahora.

sábado, 11 de abril de 2020

El viaje a la terraza de mi abuela.


Comienza como todos los grandes viajes, con un pequeño paso, un paso que no podía dar. Los perros de chiquito me daban mucho miedo y en la casa de mi abuela estaba el Moni. Un perro peludo, que más que greñas ya eran rastas. Muchas veces le colgaba la lengua y de ella una baba perfecta que podía aguantar la fuerza de la gravedad hasta 10 centímetros. Los ojos se le intuían detrás del flequillo grisáceo que le llegaba bien bien hasta las mejillas. Eran como canicas, negras, muy oscuras y muy brillantes. La verdad que ahora mismo es como si lo tuviera delante. Pobre, siempre me dio pena su muerte, pero eso lo dejamos para más adelante.



Como todo guardián fiel a su reina, él atacaba antes de preguntar, y cuando aquella puerta enorme, pero enorme de verdad (yo no sé cómo podía haber tanta diferencia entre las aberturas de hoy, todas estandarizadas, y las de antes, de cualquier tamaño, ya sea de ancho, largo o alto. Ésta era muy alta, no quiero mentir, pero si sigue puesta lo podríamos ir a medir, los 2 metros y algo no se los quita nadie) se abría él ladraba por contraposición. 


En realidad esto ocurría si los habitantes de aquella casa advertían mi llegada y lo "encerraban" ahí arriba, pero sino, el Moni siempre estaba detrás de una puertita muy curiosa entre lo que podríamos llamar la "cocina-comedor" y el patio o galería. Esa pequeña "valla" tenía un resorte grandioso para que se cerrará sola, su sonido aún rechina en mis recuerdos.


Cuando ya se habían acabado los saludos, los abrazos, los mimos, las tomas de contacto, los cien mil ofrecimientos de mi abuela, y los ochenta mil rechazos de sobre-merienda que intentaba darme, yo ya podía "investigar" aquella curiosa casa solo. Puede que luego me detenga, si puedo, a explicar la disposición de las habitaciones y demás estructuras del edificio, pero ahora hagamos de cuenta que ya pasé esa valla que estaba casi tocando una heladera viejísima.


Algo de "Pasos de los toros" asalta a mi memoria en este momento, pero no me acuerdo si, además de su sabor, que por aquellos años y por alguna razón, siempre había en la casa de mi abuela, puede que tenga una vaga idea de que el logo estaba por ahí presente. No es fácil poner las imágenes de aquella época en  mi cabeza de nuevo, porque además de llenárseme de sentimientos, esa casa tenía mucha distracción visual. Para darles un ejemplo, la mítica foto de "Evita", la imagen de Jesucristo detrás de la puerta verde, pesada y metálica de la entrada, los ositos de peluches  ganados en los "té canasta", perfectamente protegidos con un plástico para que el polvo no los tape, los recuerdos de los viajes de estudio, las fotos de nietos, los juguetes de hijos, baratijas, tacitas, copitas, impuestos, sobres, cartas, etc.

Una vez fuera, si seguía derecho por la galería estarían las puertas y ventanas de un par de habitaciones hasta llegar al taller (mi taller según contrato de palabra con el abuelo Lino) y aquel curioso baño al final de todo. Si giraba a la izquierda había una puerta más curiosa que las anteriores que resguardaba un supuesto garage. Pared y la puerta que nos cita, la de la terraza.


El primer paso no solo era jodido por lo del perro, sino porque además los escalones producían cansancio de solo mirarlos. Estaban pintados. Todo en esa casa siempre estuvo pintado de colores estridentes. Eran muy altos, muchos, y juraría que alguno estaba inclinado de forma peligrosa.


Cabe destacar que me estaba olvidando mencionar el tierno hocico del Moni asomando por el umbral de la puerta, esa narizota negra y brillosa como si estuviera hecha del mismo material que sus ojos, nada más que en vez de ser perfecta, era rugosa (como la de todos los perros), a mi me recuerda a un forro que vendían para cuidar nuestros cuadernos.


Una vez estabas llegando arriba podías ver la casa del vecino (el Tin) separada por un alambrado típico de gallinero. Se divisaba la escalera, el patio, alguna puerta, un techo, pero sobre todo, se veía una casa normal, no como ésta.


Miren si era rara la casa de mi abuela que para contarles lo siguiente que ocurre en la terraza tengo que advertirles que estaba a dos niveles. Uno, el primero que pisabas apenas acababas la osadía de subir aquellos peldaños, en ese primer nivel había poca cosa, unas plantas eternas, creo que se llaman patas de rana, pero no me hagan caso que para los nombres de las plantas soy malísimo, lo único que sé es que me llevé un gajito de esas plantas a  mi casa y en un santiamén se habían triplicado por todo el cantero donde las había plantado sin mucho cariño. Había peperina, un olor que de lo feliz que me hace me desprende una lagrimilla al contarlo, alguna albahaca, y cactus, muchos y pinchosos cactus. Botellas vacías, como en toda casa por aquella época, no olvidemos que los envases eran retornables y el que más tenía... una fiesta mejor se podía  permitir, a menos que le rogaras a la granja de confianza que te "fie" los envases. Muchas damajuanas y algún ladrillo por si las chapas se volaban.

Para acceder al nivel 2 viene un escalón (parecido a un rellano), traicionero y con un vacio por debajo digno de idea loca de Gaudí, todo un desafío a la arquitectura, los pesos y los apoyos. 


Puertita (¿cuándo no?) y de frente una ventana preciosa de madera, obviamente pintada (la última vez que la vi tenía un celeste "Miconos" precioso). No estaba ahí suelta, no, era del "pent-house" de mi viejo, por tanto estaba al lado de la puerta de ese habitáculo.


El suelo de este segundo nivel era de un naranja terracota absorbente, no por su belleza, que la tenía, sino porque si hacías la prueba de escupir, el agua desaparecía antes de expandirse. Si intentabas escribir "Juli" antes de la "i", la jota había desaparecido. 


Había todo tipo de tiestos, rotos de cemento, rajados, desgastados, pintados, e inventados. Si, era una casa de inventores, donde uno ve una batería de coche gastada otros vieron una maceta. Había estatuillas dignas de jardines galantes de la zona de Alberdi, pero no, estaban en esa terraza, algunas con algún que otro miembro roto, pero ahí estaban.


Con sus tetas pintadas custodiaban las plantas que sobrevivían por si solas, aguantando hasta que la próxima lluvia las vuelva a regar.


No nos queda mucho, falta llegar al borde desde donde se veía la calle Iguazú, si el plano es en movimiento desde el suelo hasta el cielo vendría así: rachola naranja, maceta, pared desintegrándose, borde (puede que naranja, puede que redondeado), chapas del techo de la "cocina-comedor", antena gigante de televisión, borde de la casa, ladrillo visto, vereda, estrecha y gris, sin árbol ni césped, calle de adoquines, cordón, vereda igual de seca, soleada y atacada por soretitos de perros de la zona, fachada de la casa de los padres de Galloni (Ex jugador de Central, eterna promesa, sueño precoz truncado por una lesión horrenda) y finalmente, cielo argentino.


Seguimos para la derecha, hacía el gigante paredón de la aceitera que colindaba con la siempre en construcción parrilla de la casa de mi abuela. Tenía muy buena pinta y buenos materiales, pero nunca fue acabada, no sé por qué, pero la de mi casa pasó por la misma suerte. Quizás sea el factor común "Michelli".


Al lado de la parrilla, la segunda ventana de esa "pieza" que habitaba mi padre en su juventud. También de madera, también pintada. Y al lado, un enorme tacho de carburante, tendría no menos de un metro de alto. Era el hábitat del precioso níspero que presidía, junto al gomero del nivel 1, la maravillosa terraza de las que les hablo


Todo esto viene de mi gran recuerdo por mi tío Humberto.


Otro tío no tío. Como todos los que tengo y he tenido.


Jorge fue mi tío presencial desde siempre, y nunca fue de sangre, era vecino de nuestro barrio, amigo de mi madre desde joven (pero esa es otra historia).


Y luego está Carlitos, mi tío Carlitos, quien tiene otra historia aún más jugosa ya que fue el mejor amigo de mi verdadero tío, Julio, pero cosas de la vida, el exilio y la migración, fue que cuando yo nací en Barcelona, él estaba ahí junto a mis viejos, por ende, la imagen de "tío" es para él, que se quedó en esta mágica ciudad, y por suerte, muchos años más tarde y hasta ahora, pude recuperarlo como lo que es, mi tío.


Los hermanos de mi papá nunca fueron buenos tíos, por tanto ya de pequeño decidí, cada uno por lo suyo, que no serían mis tíos.


El tío Humberto en realidad era hermano de mi abuela, por ende era tío de los 3 hijos de mi abuela, no mío. Pero si yo le llegaba a decir tío-abuelo se enfadaba mucho, pero de verdad, era capaz de empacarse, doblar la silla plegable que poníamos cada noche en la vereda y meterse adentro, a lo que se le destinó su habitación.


Sí, porque él vivía con su madre, la abuela Pepa, que tuve la suerte de conocer al llegar de España, realmente mi bisabuela, quien también tenía un níspero increíble, quizás sea de  ahí que mi tío cuidaba tanto del de la casa de mi abuela, quizás sea de ahí que desde hace años tengo un níspero.

Pepa murió y mi abuelo Lino también, por tanto se fue a vivir a lo de mi abuela hasta que un infarto lo dejó seco a los 63 años, en la vereda, luego de traer las compras de su hermana con la ayuda de su bici, su aliada más fiel.


La aparcó y salió a la vereda según cuenta el vecino que lo vio por última vez. No sé si es cierto pero cierra perfectamente con su personalidad, dice este hombre que lo último que vio mi tío fue una morocha como las que a él le gustaba. Soltero for ever. Nunca jodió a nadie.

Creo que fue la pérdida más dura que tuve que superar. Fue sin  dudas el primer contacto real con la muerte. El no entender que uno está, y un minuto más tarde ya no.


Ya que estamos tocando temas de mierda, no quería dejar un hilo colgando de algo que les quería contar antes. Años atrás de este trágico suceso, unas inundaciones terribles azotaron muchas zonas de Rosario, menos la mía, que era una zona alta al lado del río. El barrio de "arroyito" quedó abnegado y mi abuela vino a vivir con nosotros. Mi tío se quedó cuidando la casa para que no entraran a robar, pero lo que no pudo prevenir este paladín de mi infancia fue la enfermedad que acabaría llevándose al Moni. Todos sufrimos muchos su ausencia porque al final, aquella bestia era entrañable.



Ahora sí, volvamos al olor de esa fresca peperina, a las cálidas tardes del final de la primavera. 


Cuando me tiro al sol, un sol amable, siempre pienso que es un link o conector directo con lo bueno de la vida. Será por eso que los buenos recuerdos son cálidos y los malos fríos? Al menos en mi, funciona así.

Ahora estoy con esa sonrisa de gato durmiendo mientras el naranja del sol se cuela por mis párpados aunque estén abajo. Tengo el pecho caliente y lleno de vida. Obviamente hay algún recuerdo bueno de invierno, y alguno malo de verano. Pero sigo dándole vueltas a que los recuerdos son cálidos, y cuando estoy en un día de sol así, tengo más oportunidades de lograr esa conexión con las buenas cosas que me hicieron crecer.


Un pañuelo de tela y un nudo en cada punta era lo necesario para fabricar su gorrito, amuleto contra la lluvia. Sábado, juega Central Córdoba, los sábados jugaban los de la "B", y aunque él era "canaya" enfermo, se llevaba la radio a pilas, la pava y unos buenos mates y se ponía al lado del níspero a lavarle las hojas y seguir como iba el encuentro, para marcar, al acabar como le había ido en el "Prode" con ese resultado.

Una vez agarramos 14 aciertos, pero como pasa en las mejores películas, por alguna razón se olvidó de jugarlo. Mi abuela lo quiso matar por varias semanas, lo habíamos hecho entre los dos, y nos hubiera sacado de pobres, pero si eso hubiera pasado yo no tendría ni la preciosa vida que me tocó vivir ni su recuerdo tan tatuado.

martes, 24 de diciembre de 2019

24

Estaba viendo ese programa que va de juguetes de nuestra infancia, si, un día como el de hoy.
El capítulo iba de las Tortugas Ninjas, si habremos pasado rato jugando, si habremos pasado rato ju-gan-do... cosa que ya no se hace como antes. A mí me dicen Tortugas Ninjas, y mi cerebro se va a Rafael, que era la mía, a Leonardo que le gustaba a Pachi y a Donatello, que se lo dejamos a Rami, aunque él tuviera mi Rafael, aunque alguno tenía a Miguel Ángel también. Mi cabeza se va a tantos sitios, desde la alfombra de la habitación de Claudia (madre de Rama), al "conector" de ellos, del quincho de Pachi a sus perros. A nuestras terrazas o veredas. La verdad que la cabeza se me va a la infancia, y la nuestra fue muy buena.
Hoy es navidad, ya sé que hoy no es navidad, hoy es "noche buena", pero para mí el 24 es navidad. es el día que salís a la vereda antes de las 12 a tirar petardos con tu viejo mientras la magia se cocina dentro. Casualmente pasa Papá Noel y te deja regalos, recuerdo navidades por los juguetes.
Las de Rambo, las de Gi-Joe, las de Locademía de Policía, la de los Tentes o las primeras de los Playmobils.
El 25 es navidad, pero para mí era el día de estrenar regalos, de juntarnos con los chicos y generar universos nuevos. Y aunque probablemente nunca tuve el mejor regalo, llámese avión de Gi-Joe (se pronuncia: yiraiyou), nave espacial de Playmobil, cubil felino de Thundercats o la prisión selvática de Rambo, siempre tuve algún juguete que pudiera pertenecer a esos mundos, y pude jugar, y fui feliz de que mis amigos los tuvieran porque así los podríamos usar.
El 26 es el comodín del Rama, es su cumple, ahí tenía la oportunidad de redoblar su botín.
Hoy es 24 de un año más que no estoy ni con mis amigos ni con mi familia, pero aún así, sigo siendo feliz, porque ellos son mis regalos, y sé que pronto podré verlos.
Este ha sido un año loco como los demás, me gusta a esta altura hacer un vistazo en retrospectiva, y no hubo año que no me sorprendiera de como empieza y como termina.
El pasado lo acababa mareado y no de borrachera, brindando por Madrid con esa familia hermosa que nos permite ser parte de ellos, Manolo y Verena, y la hermosa ardillita (Sara).
Ya en enero quedaba el coletazo de una discusión familiar, esas peleas que no tienen sentido porque nos peleamos por estar cerca y nos alejamos más. Con la cabeza como un trompo y el corazón latente decidí mandar un poco todo a la mierda y auto flagelarme con un tatuaje, el más grande hasta le fecha.
Ya más en paz conmigo, decidí que ya no iba a Argentina. A Clara le caía la sorpresa de que la hermana mayor se casaba, e íbamos a tener que ir (gasto) y que ella iba hacerle un buen regalo con la otra hermana (gasto), y que además no nos coincidían los días de vacaciones, así que empezamos a gestar un plan B para nuestro futuro, ella se iría con la amiga a Viena en febrero, previo gran aniversario nuestro (10 años) celebrado por todo lo alto en un hotel famoso de Barcelona, luego tendríamos que ir a Tenerife, y yo, seguía sin saber qué hacer, así que pensé en la vieja (que no le gusta que le llame así), en su presente, y en falta de ingresos, obviamente, en lo mucho que hacía que no la veía, así que saqué pasaje para Agosto.
Ya está hasta aquí los planes.
Luego surgió "camping" con los "chicos", un camping que sería sin carpas, sin asado y sin bolsas de dormir. Terminó siendo un departamento de AirBnb, de 4 habitaciones, comida pedida por apps móviles y Ubbers hasta las discotecas. Un finde por todo lo alto, que dolería a un bolsillo que, había pasado la ITV, y le había caído hacienda.
Clara me regaló otro tattoo, un flash de los Simpsons que me moría por estamparme, prometí ser más feliz y olvidarme de lo mal que me pone el dinero. Intenté cumplirlo, lo juro.
Vino Pepo de Brasil, me contó del viaje de los pibes de la Plaza a Pipa, que locura, la verdad es que me moría por estar, y por ser un boludo con la empresa no lo hice. Quizás algún día aprenda.
La pasamos bárbaro, fuimos a ver a La Yegros, tomamos ricos vermuts, Spritz y demás yerbas, como a nosotros nos gusta vivir la vida, en armonía y disfrutando.
El muy hijo de puta tenía una verruga horrible y negra en la panza, que le dije que se tenía que hacer ver en Formen.
Unos días más tarde, para su cumple, caí por la isla mágica, con mi corcel negro y metálico, pasamos unos días soñados, todo fue espectacular, la verdad es que me costó agarrar el barco de vuelta, quedé tan tocado como cuando vuelvo de Rosario.
En junio estuvimos por Tenerife, para mí fue un visto y no visto, dos noches bien cortas, una boda distinta, muy guapa, un una plantación de plátanos, con unas tapas muy isleñas y ricas. Mucha bebida, sobre todo Fernet para mí.
Antes de que finalice junio nos escapamos a Budapest, precioso, relajante, bello, y todo muy rico. Una muy buena opción para un caluroso verano, sus baños termales (turcos los mejores) son de obligada visita. Y apenas aterricé en Hungría (un sitio que quise ir siempre, o al menos desde que me enteré de la visita de Queen) recordé que a Pepo le volvían a abrir los siete puntos que le habían puesto en la panza allá por mayo, para limpiarle, por lo visto, los médicos habían visto algo feíto.
Al cabo de 3 días me enteré que todo había ido bien por Mallorca, que lo había acompañado el uruguayo y que de suvenir se había traído un par de tajos más, los dos en ambas ingles.
No lo entendí, porque a veces el Pepo te explica algo en un mensaje o audio y luego tira la bomba de humo por una semana, así que uno se olvida de lo que hablaba.
A todo esto caía mi mamá. No había algo tan esperado en mi cabeza desde hace tiempo.
Aeropuerto y para casa, por primera vez en este piso. Con terrible jet-lag y manija por aprovechar las horas me dijo de salir a caminar, debemos haber hechos 10 kilómetros.
La pasamos bárbaro, recorrimos Barcelona como pudimos o nos pintaba, estuvimos por Girona con Carlos, que como un valiente nos llevó a Cadaqués, si, en esa época, pobre tío.
Luego nos fuimos para Madrid, caímos en lo de Manolo, que se prestó a pasearnos por las tierras de los abuelos de mi vieja. Hicimos Salamanca, Segovia, y pueblos hermosos que nos recibían de fiesta.
Se fue la vieja dejando muchas deudas. Muchos platos por hacer, pero muy buenos momentos, de un gran viaje compartido. Deudas que no tienen valor cuando te enteras que un amigo tuyo tiene el cangrejito de mierda en su cuerpo (soy un poco cabulero, así que no me gusta nombrarlo), por esos días el Pepón nos dice que tiene metástasis, así, sin anestesia, o quizás el placebo fue que se volvió a enamorar.

Como seguir después de esto?
De la mejor manera, la elegida por él, nos vimos un par de semanas más tarde y nos dijo que, lo hablamos ahora y no después, que sigamos pasando los días de a mejor manera y con alegría, como si "eso" no existiera. Nos movimos lo necesario para lograr que su tratamiento arranque cuanto antes, y como él quiera. Nuestra casa ofrecida a tiempo completo y cuando quiera, pero apostó por su nueva historia de amor y se fue para Valencia.
Y todo esto en medio de una crisis de pareja. Con Mati tuvimos un par de encuentros que marcarían el rumbo de nuestra relación.
Estuvimos en Sant Pere como cada año, y que se repita. Me mandé una cagada de tío bueno con la ardi, ya pedí disculpas y luego de eso salimos por primera vez a navegar por el Mediterráneo con una embarcación.
A mi cumple acudieron Pepo, gracias, Clau y Andreu, gracias, Mati y Vivi, gracias, Laura (hermana mayor de Clara, por tanto cuñada) y Barna (su pareja húngara, por tanto su resplandeciente esposo), gracias, y el Sebas (compañero yorugua del laburo con el que compartimos muchas horas, pasiones y congruencias con lo vivido hasta aquí), su fiel escudero Juan (Misionero de chorro muy largo que conocí en el concierto gratuito en nuestro barrio, la Prospe "donde pasan las cosas", de Miss Bolivia) compañero de piso y socio de su equipo en el FIFA, gracias. Obviamente Clara, Lady, Oli y Beto. Gracias totales, me sentí muy complementado, junto con los muchos saludos, de familiares de allá y de acá, amigos de allá, y compañeros de acá. Me regalaron muchas cositas, pero el regalo más grande no fue el tocadiscos, que si lo fue por volumen, ni la emoción de ver a Darín en el teatro, el mejor regalo me lo hice yo. Me decidí por operarme la vista y fue lo mejor que podría haber hecho. Hace menos de un mes que lo estoy estrenando y es como un sueño cada día, es como una peli de ciencia ficción. Como te pueden disparar con un rayo y de un día para el otro vuelves a ver tan nítidamente como cuando tenía 13 años? Qué locura! como no lo hice antes? por la puta guita y la traba mental, pero como prometí, dejé de hacerme problema. Así que os lo recomiendo fehacientemente.
Hoy es 24 y hace una semana nos enteramos que Pepo va a ser papá. La vida es una locura y es hermoso estar vivo y correr ese riesgo.
Hoy es 24, cagué a pedos a mis amigos de allá por otra vez no acordarse de mi cumple, de yapa me llevé el aggiornarme que el padre de Carloncho, el señor Pérez, falleció hace un par de días.
Hoy es 24 y a eso de las doce menos diez hay que hacerse el distraído que nos dejarán muchos regalos, el mejor de todos es el presente.

martes, 2 de julio de 2019

Erver7o.2

Como te decía, diría el psicótico, pero aunque me haya inventado una nueva forma de empezar una carta, también sirve para gestionar el pasado, hacer un ejercicio de memoria y ver que se hablaba en aquel entonces, pero sobre todo lo más importante, el decir, de comunicación.
A todo esto, la verdad es que no sé que hablábamos ni por qué empecé así, pero para romper el hielo, como el calor de la zona, sirvió.
Anoche, y no es joda, se ve que te metiste en mi bocho (si, de nuevo). No suelo recordar los sueños, o a veces sí, si el detonador del despertador rompe mi paz muy temprano, y puedo sostener aún algún hilo de esa alfombra mágica que está por desvanecerse.
Este último fue muy liquido, muy HD diría un vendedor de televisores, muy ácido diría un falopero. Viste cuando estás en éxtasis o LSD? Pues parecido de real, pero no deforme.
Me acuerdo de todo esto sin todo el nudo de la historia, el final ha sido lo más significativo ya que me levanté llorando, o más bien, me obligué a despertarme, es interesante el mundo de los sueños y como funciona.
La cosa iba de geriátricos, y vos. Pero no mal ni decrépito, bien, como ahora, pero en vez de irte a dormir a un depto. haciéndote el pendejo, te metías en un asilo o parking de viejas glorias (esto me recuerda que hoy es día dos y tengo que garpar el espacio de la "nena"). Tampoco lloré por vos, ya sabes que soy bastante duro, al pedo, pero me gusta bancarme el dolor, aunque por dentro uno sufra (tal cual los tatuajes). La cosa es que me apoyaba en tus hombros. ¿Cómo se dice aquella palabra reconfortante? ¿Aquella de cuando te prestan el hombro para llorar? bue, no me sale. Y ahí te confesaba que estaba cansado y que quería que todo termine.
Eso me descolocó por completo no hablaba de vos, hablaba con vos. Y de mí.
Al parecer hay algo en mí que se agota sin darme cuenta.
y llevo toda la mañana dándole vueltas al qué de la cuestión.
Será la enorme cantidad de cumpleaños ausentes?
Bodas, nacimientos, fechas patrias, descensos, campeonatos, clásicos, navidades, años nuevos, vacaciones, cafés, mates, facturas, fideos, asados, playa, río marrón, celeste cielo, verde plaza, Mara, amigos, perros, tortugas, gatos, pájaros por la mañana, grillos por la noche, cucarachas, arañas, humedad, libros, pelis, cine, teatro, conciertos, Mamá, tortas, fritas, milas, panqueques, dulce de leche, dulce de batata, o de mamón, boxeo, calzoncillos, pipas, y vos, la abuela y todos los fantasmas, la ropa secándose al sol, los escalones de la terraza, las tapitas en los ojos, y los chinchulines crujiendo al sol, la parrilla inacabada, los 29 con ñoquis, la escoba de 15, el club de los 27 y ahora 72. Las carreras, las facultades, los colectivos, y la comodidad de nunca mudarnos. El diario de los jueves, la miseria compartida y la alegría de sabernos bien, sanos y salvos.
¿Vos crees que algo de todo esto tiene hilo de costurera conductor? ¿O me pongo el gorro de Tomás, me clavo otro Fernet, me lío otro… bien verde y sigo respirando, en mi elección, que pasó a ser mi vida?
¿Vos como andas?
Yo bien, sigo viajando a la que puedo, me faltan un alfil y una torre, pero tenemos dos gatos, un pez-reptil y muchas plantas, un caballo ganador que se llama Mati, y una reina.
Le meto al gimnasio a la que me veo con ganas, leo cada vez menos pero leo, veo más series que pelis, pero veo más pelis que tele, me subo a la moto todos los días, y cuando la arranco me doy cuenta que los sueños se pueden cumplir. Que te voy a decir a vos que hiciste la carrera que quisiste, y de yapa te salió una parejita de locos, yo te escribo y Mara te acompaña.
Te saludo como los vikingos augurando una buena y nueva batalla. Que los dioses nos unan en un Valhala terrenal y que Odín nos sepa parar el tiempo que pasemos juntos. Thor que siga haciendo quilombo como Pablito.
Un abrazo certero y profundo en este tu día.
Te quiero.

lunes, 2 de julio de 2018

Erve71to

Agarré un par de alas de un gorrión que descansaba en el cordón con las tripas al aire.
Me las ingenie para atarlas bien, subí acá arriba, donde moraba un conde, y me tiré para allá.
Es gracioso como vuelve a formarse la silueta de un camino ya transitado hace tiempo.
El camino fue largo, pues el océano parece no tener fin.
llegué de pedo, las coordenadas son nuevas pero acá estoy, en el marco exterior de tu ventana.
Es temprano y recién te estás despertando, creo reconocer esa vieja cafetera sobre la mesada, la pava está en su sitio, un punto antes del hervor, tapa dada vuelta y el pocillito de latón que encaja perfectamente en ese nido.
Te veo abriendo el diario de ayer, las noticias nunca son buenas, creo que entre línea y línea te vas esparciendo, puede que te acuerdes una frase de la película que fuiste ayer a ver al cine, o que los renglones hagan taxidermia de un desgraciado suceso donde un motorista hizo su última curva.
Quizás ahí, venga a tu pensamiento mi imagen, quizás por eso ya perdiste la línea por la que ibas.
Yo estoy bien, gracias. Me reconstruyo cada día.
Será que te pone melancólico esta cifra que llega para quitarle el celofán y estrenar, o quizás que nunca uno se vio con la edad que tiene, y si lo hizo, no acertó a como realmente la escena se está filmando.
Te veías con 71? yo no me veo con 40 y estoy a la vuelta.
En esto, todo esto, pensaba en decirte, todo disfrazado aun con estas alas, que gracias.
Gracias por hacerme fácil lo difícil.
Por no obstaculizar mis sentimientos.
Por no pedir, como quizás yo sí.
Por aguantar los trapos siempre.
Gracias por extrañarme desde el silencio de esta pared hueca que es la distancia.
Gracias por quererme con mi locura galopante y mi frialdad vertiginosa.
No sé si quise ser así, o simplemente sucedió, de la misma y bruta forma que le pasa a esos soldados.
Gracias por enseñarme algo, siempre que pudiste.
Gracias por soportar mis rabias (que las sigo teniendo, pero bue, mucho no se puede hacer)
Gracias por dibujarme en la falta de mi, allá.
Sé que lo haces cada vez que podes, y me siento valorado.
Vos también sos valioso para mi, siempre lo fuiste.
Parece como que muchas cosas no existen hasta que las decimos, pero tácitas existen, y uno se siente refugiado en ese estado de tranquilidad mental que da el saber que las cosas no las haces mal. que no sos mal tipo, que no jodes a nadie, y que hay ganas de latir.
Se hace difícil por ahí todo esto llevarlo a una charla, cada uno se empoderó de un personaje, ahora es mas jodido sacarse el maquillaje.
Veo que tenes un par de manos para jugar.
Voy a agarrar vuelo antes de que se pudra este invento, voy a volver a la paz de mi presente, al equilibrio que me hace pasar las horas de la mejor manera, y vos fijate que no hablo de felicidad, porque cada vez que le pones el titulo ese a algo que anhelas o deseas, cuando lo logras, pasa a ser un cachivache mas en el fondo de tu alma, para ir a buscar un juguete nuevo, así que, para que gafar palabras? Amor, felicidad, ya se destiñeron en mi diccionario, de la misma forma que aquella camiseta de rock que tanto te gustaba y ya no luce negra.
Prefiero lealtad, código, estabilidad, serenidad, cariño, sueños, disfrute, evasión, como para darte un pantallazo de las que uso por ahora.
Otra vez debajo mío el frescor de ese azul interminable.
Mi pecho sigue caliente como cada vez que me comunico, así nunca me voy a petrificar.
No es porque vos seas más viejo que te imagino a veces no estando y eso me mata, es porque creo que justamente se trata de lo contrario, de imaginarte vivo y saber que esto tiene que llegar. No soy tan metafísico como para aceptar que cuando yo falte, o vos, vamos a escucharnos o leernos, mucho menos abrazarnos.
Papá te quiero, feliz edad.

viernes, 27 de mayo de 2016

las tazas sobre el mantel

Iba viendo tu mano en el taxi, de la misma forma que iba viendo como se poblaban tus ojos de lágrimas la noche anterior. Las iba viendo y no me animé a tocarlas.
Te abracé y como siempre en esas instancias, me quedé sin palabras, fue un adios, o un "hasta cuando", pero fue una despedida, mi garganta lo sabía, mi corazón también.
La fila endemoniada serpenteaba delante de mis narices y yo sin poder volver a tocarte. Pasaste esa puerta y otra y me quedé en una columna, apoyado, esperando que mi cuerpo vuelva a mi.
Fuí para un bus, me subí por inercia, caminé por un túnel, un tipo me regaló una tarjeta de bus -no pude agradecerle-, llegué justo, justo cuando mi tren se iba. Creí en ese momento que mi cuerpo merecía alimento o también me iba a abandonar. Me metí en ese bar que pocos pisan, por feo, por no ser cadena, por ser normal, y solicité lo mismo que la otra vez: medio de tortilla francesa y café con leche. El tipo me corrigió, y a su vez a mi memoria: no hacemos medio. "Pues, entero", asentí.
25 minutos masticando, cosas, recuerdos, noches, tardes, charlas, paisajes, todo con un factor común, vos.
Fuí al andén, puntual, no sé para qué, pero así llegó aquella hueste de metal en la que me iba a subir.
En eso, esa boludez de la tecnología, me dió por saludar a Clara, y también a Mati, era jueves, nuestro día. Me dijo que 9.15 llegaba de dejar a Lola. Justo la hora en que el tren llegaba al Clot, como algo premeditado.
En eso del viaje, a la altura de Sants una persona me pregunta si La Vanguardia que había sobre mi cabeza, ahí, donde se ponen los bolsos, era mía. No respondí arrepintiendome. Pero mi cerebro no paro de buscar otra, y la ví de lejos, dos filas más adelante. Me siguen llamando las "contras" de ese periódico, y tal cual, el relato era increíble, ni con calzador hubiera entrado tan bien, sobre la vida, sobre los miedos, sobre viajar liviano de equipaje, sobre la felicidad y la muerte. Me la guardé, ya te la voy a mandar.
Estuve mateando con Mati, vi su vida de pseudo padre, lo acompañé a la barbería, volví caminando a casa, me hice de comer una ensalada, y me fuí al trabajo. Tuve una infinidad de problemas que me alejaron de cualquier asomo de idea que se cruzara por mi cabeza. Cansado, con dolor en la piernas, un mal gesto acribillandome la rodilla, me subí a esa cosas material que me hace feliz. Noté que recien me sentaba. El viento me llevó hasta casa, donde cené, ví aquel programa de parejas, fumé, reí y hasta hice el amor.
Hoy por la mañana me tiré en el sofá, previo terminarme tu mermela de fresas fosforecente, terminé de ver dos películas, la que recomendó Mati, y una empezada de anoche. Dos lindas obras con buenas frases.
Me levanté, pensando en hacer cosas, abrí la puerta de habitación, una angustia se venia acercando. Vi mi llave grande, en otra vida, tuya. Vi un caramelo de chocolate y menta que no recordaba que existía. Vi tu bolso y recordé Ibiza. Vi la planchita y coqueta apareciste, vi la cama, vacia y lloré desconsoladamente queriendo encontrarte, queriendo olerte. Cuando me recompuse, con un cepillo recogí los pelos de Lady, aquella que en tus últimos días por aca, te hizo compañia, de la misma forma, que en este momento, tumbado, pensando en escribirte, lo hace conmigo.

viernes, 11 de marzo de 2016

esperanza color yerba

Te decía,

Son 7 nuestros años, porque son nuestros. 7 de 14 míos por acá, porque esos todos son míos.
Hace rato dejé de escribir mal, para escribir mejor, como me pasó con el hablar, pero como me demuestra, de "dar muestras" este presente, hablo como sale, y en esa mixtura mejor me encuentro, pero con la escritura no me pasó lo mismo, solo vuelvo y vuelvo cada día, como la pesadez rutinaria de alimentar el cuerpo con el mismo menú. Y no sale distinto.
Hoy estoy probando otra vez de querer mis letras no queridas, de volver a sentirme libre de no tener que explicar nada ni a nadie, y si me sale, quizas muchas vayan hacia vos, y sino, volverán a mi, boomerang style, y sin problema, como cuando de la masa ya sacó los discos, y los recortes, los vuelve a juntar, aplastar, con ese sentimiento infantil de tocar plastilina, para homogeneizarlo de nuevo, e intentar aprovechar más los cachitos, tengo comprobado que de 30, salen como 6 más.
De las ruinas de este tiempo el amor brotó en otras formas, nuestros acompañamientos por los momentos que nos tocan vivir, como los buenos, como los no tanto.
Ejemplos hay miles, pero para gráficar más la idea puede ser, esa moto que me voló la cabeza y te subiste, ese trabajo que se acabó pero intentamos que no nos mate la impaciencia por el próximo, un piso que le pusimos el cariño de la consumada unión que forjamos, pero que, como "Casa tomada", nos va a terminar por expulsar, los bichos, las comidas, las pelusas, todos los fuegos el fuego, el gas, la ropa, el mate, la dieta, el sofa, las miles de cosas que irradia la caja boba, y nos gusta, y exploramos, y flotamos con ella.
Pero es cierto que no te podés quedar con esos vestigios verdes que parecen manar saludables, por eso entiendo tu rabia cuando tu libro es precioso y very handkraft, o cuando tu sorpresa es mi sorpresa, la de una compra fallida que se vuelve realidad y la tuya, una vaga promesa de un momento mejor.
Pero dentro de las derrotas que uno por dentro siente, nacen unos arcoiris, que aunque mancos, siguen atesorando futuros en sus puntas, y hacía ellos vamos, con la ciega confianza de una bonanza que nos enriquezca y nos de paz.
Porcelana fina, jarrones por romper. Todo llegará y a cada desliz intentaremos sortear. Porque me da que, viejos sabuesos de nosotros mismos, recolectamos algo que descanza en el granero, y que nos provee de un crédito para el invierno.
Ella 25 y él con 34, yo en el medio de aquella ecuación, en el espejo nosotros mismos, un ruido que no llega, pero unas ganas por hacerlo bien que le gana a las ansias.
Como hemos cambiado. Te parece que esta frase puede arropar nuestros cuerpos? Quizas como hoy encontrabas, cuando no te conocía le daba más a estas mismas plásticas letras, pero, realmente me siento igual de enaltecido, procuro no olvidar, procuro mejorar, y procuro mantenerte, de tenerte, de tejerte una red de suave lana que en vez de atraparte para que no te escapes, te abrase y te tape.
La realidad es que en el medio de este viaje dejamos muchos otros sin subirnos, había, y había, muchas cosas con tiempos pretéritos, pero en el medio, la mutuación hasta el hoy, es lo que es, se dibujó así, nuestro Golem tiene la forma que el río le dió,el pelo peinado con las vueltas que el lentomotor dibujó a su alrededor, ojos de pechinas que buscamos en las playas solo nuestras, unos zapatos que empezaron siendo bajos como nuestras recetas, y hoy le llegan, como botas hasta las rodillas, un corazón de chocolate, un cerebro de patata y un alma con salsa brava, sus brazos son todo esfuerzo, el de una carrera en que nadie creía, el de un trabajo que sigue aportando la fueza de unos biceps que cogen el tiento de funámbulo que formamos.
Si, tienes razón hace tiempo que no escribo, y con lo que me gusta enredarme en estas lineas.
Te dejo chapoteando en este charco, mientras me voy a buscar más agua.