Y voy
dando vueltas por estas escaleras, nada caracol, que me llevan una y otra vez
hasta mi sitio.
Cual es
mi sitio? Aquel por el que luche durante tantos años para que a la hora de los
bifes, los encargados de tomar altas determinaciones se estén limando las uñas
y queden más castrados que los gatos de la Europa Occidental?
No sé
yo. Yo no sé.
El tema
es que en toda caminata, en cada hora que comienza, de las incontables que se
me vuelven las que me tienen aca adentro, aca, en este sitio por el que me deje
la espalda, voy con la melodía de una canción aunque no me sepa la letra
entera.
Vendrán
días dice Manolo, y prosigue, han de venir.
Ni más
ni menos que eso. Tan real como la vida misma. Esa que instan a vivir. A
respirar y a sentir los latidos desordenados, apelotonados de un corazón que
parece estar aletargado.
En todas
las ecuaciones me salís vos, y eso es difícil de lograr, será que habremos
hecho bien las cosas?
Y cada día
que no escribí sobre esto, mi libreta de apuntes mentales comenzaba:
Vendrán
días…
En pocos
años te has llevado a tu mochila un par de temas quizás otras personas de la
misma edad no soportan. Con esto no te estoy halagando. Estoy diciendo las
cosas tal como las siento. Si te lo merecías o no. Si es justo o no. Si yo hago
otras cosas o no. Son otras cuestiones.
Hablemos
de esos días desconocidos. Intuyo un clima propicio para poner el barca en el mar
y estrenarlo. Que esa madera que llevo puliendo meses tenga ese contacto. Es
necesario, casi vital.
Habrá
cambios de rumbos y nuevas islas donde amarrar. Habrá vientos fuertes y de eso
quiero hablar. Quiero hablar antes, quiero sacar una póliza de seguros, quiero
poner en este nuevo testamento que, desde ya lo siento. Siento todas las
rabietas por las que vas a atravesar, todos mis cambios de humor y todos mis
berrinches. Mis evasiones, mis “estar sin estar” que se pueden producir.
Nunca
pude dejar de pensar un paso más adelante del que mi pie pisa, es algo que no
pude cambiar con el tiempo, quizás por momentos apago el “dador” de ordenes y
lo dejo comiendo palomitas a mi lado, disfrutando del sofá, entendiendo el cine
como válvula de escape, como “serenador” de multitudes, multitudes que se
agolpan si me pongo a pensar en “de acá a dos años”, no creo que en el 2009
hubiera sabido lo que ocurriría dos años más tarde, ni en el 2002, ni el 99, ni
nunca, pero como dicen por ahí Los Piojos “Todo pasa” y lo repiten, y hay que
pensar que es asi. Que todo tiene arreglo menos la muerte. Que todas las
tristezas pasan. Que no hay mal que dure 100 años. Cuanta verdad en tres frases
boludas.
Yo tengo
fé. Y eso es importante. Me siento con fuerzas. Y eso quiero que lo vean. Me
siento con ganas. Pero sobre todo, siento que necesito este cambio.
La marea siempre arrastra arena. Nunca esta la playa igual dos días.
Me disculpo
de vos. Y también de ustedes, léanme o no.
Todos
queremos lo mismo, estar bien. Insto a que cada uno que este mal, revierta su
posición. Hoy lo haré yo. Alla voy, una vez más. Y dentro de mi, todas sus imágenes.
Gracias, perdón, más, te quiero.
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